Género, raza y clase

Sólo las personas más reaccionarias niegan hoy en día que exista la opresión de género y de raza. La forma políticamente correcta que adoptan el racismo o el machismo en la actualidad es el negarse a sí mismos. Ya no hay racismo, dice el racista. Ya no hay machismo, dice el machista. La abolición legal de la opresión, argumentan, es equivalente a su abolición de facto, y de hecho lo que existe hoy en día son ciertos privilegios legales o sociales que reciben las mujeres y las razas oprimidas. No es complicado entender que estos grupos opresores confunden su ligera pérdida de privilegio y la perspectiva de perderlo todavía más con opresión e injusticia. Ante el abismo de su posible proletarización, de verse al mismo nivel que las mujeres o los no-blancos, el hombre blanco grita y patalea, acusando a sus víctimas de hacer trampas.

En el otro extremo, quizás, se encuentran aquellos que en vez de negar esas opresiones las asumen como absolutas. El posmodernismo, que considera la intersección de cada tipo de opresión en un individuo como única e irrepetible. No hay teoría que pueda explicar su fusión en conjunto, por lo que no puede, no debe, existir una lucha común que ataque su raíz. Ante el fractal inabarcable de opresión y subjetivismo sólo caben luchas parciales que huyan del absolutismo práctico y teórico. O, muy relacionado, el análisis metafísico que normaliza la opresión y busca causas “naturales” para su existencia. La base biológica de la “superioridad” de unas razas sobre otras. De un género sobre otro. La inevitabilidad de una realidad que no se entiende como un desarrollo histórico sino como reflejo de una serie de elementos pre-existentes contra los que ni podemos ni debemos hacer nada. Así, de nuevo, el análisis metafísico acaba justificando el status quo, justificando los roles sociales de opresores y oprimidos.

Creo, de nuevo, que no es complicado ver hasta qué punto son frágiles las supuestas bases científicas de este tipo de razonamiento. Sabemos que las sociedades patriarcales no han existido siempre1. Algunos autores incluso defienden que han existido sociedades matriarcales, aunque muy pocas, donde el poder pertencía a las mujeres. Sabemos que la llamada “raza blanca” no siempre ha dominado a otras razas. Que de hecho el mismo concepto de raza, tal y como lo conocemos, es una invención relativamente reciente2. Existían civilizaciones con un alto grado de desarrollo cuando los habitantes de Europa se encontraban todavía en la prehistoria, y desde la caída de Roma hasta la Revolución Industrial la civilización más avanzada del mundo fue la China3. No hay nada de inevitable en la actual supremacía del hombre blanco capitalista. Es un desarrollo histórico con un principio, y por lo tanto puede tener un fin.

Hay un último escollo antes de llegar a lo que considero el principio de un análisis científico de estas cuestiones. Uno que se encuentra ya pasado el umbral del marxismo. Hablo del discurso que, sin negar las opresiones de género o raza, las considera siempre subordinadas a la opresión de clase. La contradicción principal es la existente entre proletarios y burgueses, por lo que el sujeto revolucionario último es el trabajador proletario. Un trabajador que además suele ser hombre, blanco, y vive en los centros imperialistas. No se niegan, como digo, otros tipos de opresión, pero a la hora de la verdad toda actividad organizativa se centra en ese trabajador, hasta cierto punto mitificado, que debe ser el enterrador del capitalismo. Un entierro, que de forma poco clara, también nos llevará a la muerte del racismo y el machismo. El problema es que históricamente este análisis se ha mostrado de nuevo en bancarrota. Esos trabajadores, casi de forma sistemática, han elegido mejorar su situación dentro del capitalismo antes que derribarlo. Han votado, de forma entusiasta, a aquellos que se suponía debían enterrar. Han luchado por mantener su opresión diaria sobre las mujeres o razas oprimidas de su entorno, y todavía a día de hoy machacan sin pensarlo dos veces a miles de millones que viven fuera de sus fronteras.4

¿Sirve de algo entonces el concepto de opresión de clase? ¿Tiene alguna relación con otros tipos de opresión? Creo que la tiene, y precisamente la forma de revitalizar el marxismo pasa por un análisis materialista histórico que investigue el origen del racismo y del machismo, su relación con las clases sociales. Si partimos de un análisis materialista debemos asumir que los diferentes sistemas de opresión no existen en el aire, sino que deben tener una manifestación histórica concreta. Partiendo de esta base podemos plantear que los seres humanos se dividen, de hecho, en clases. Es decir, les son asignados o asumen roles diferentes, dentro de una jerarquía, en un sistema económico dado. Ocupan posiciones determinadas en el proceso de produccion, distribución y administración del producto social, todo ello regido por ciertas relaciones de propiedad. La diferencia con el marxismo vulgar es que estas relaciones de clase no existen en un plano diferente al sistema de opresión patriarcal o racial, sino todo lo contrario: históricamente la opresión de clase actúa precisamente por mediación de la opresión de género o raza, entre otras.5

La realidad de esta afirmación se puede ver si nos ceñimos a un análisis histórico. Todos los sistemas de producción que han existido han dependido, y dependen, del trabajo no remunerado de las mujeres. La propia creación del patriarcado como tal marca, de hecho, la primera acumulación primitiva que permite la separación de la humanidad en las primeras clases. Son ellas las verdaderas “proletarias” de los primeros modos de producción. El capitalismo, claro, no es una excepción. Esto es cierto hasta tal punto que seguramente la mayor cantidad de trabajo productivo en el mundo todavía lo realizan mujeres sin recibir ninguna compensación. Esto incluye la inmensa mayoría del trabajo necesario para la reproducción misma de la humanidad, el trabajo reproductivo, pero también otros tipos de trabajo que acaban integrándose en el proceso de producción de mercancias6. Ocupan por lo tanto, la mayor parte de las mujeres, un lugar diferenciado en el modo de producción imperante (el capitalista o los anteriores), pero esta relación de clase se enmascara y naturaliza por mediación del patriarcado. Es natural que las mujeres se ocupen de esas tareas, que no cobren por hacerlas, que apenas tengan ningún tipo de poder en la sociedad, que no posean propiedades (las mujeres realizan 2/3 del trabajo en el mundo, por un 10% de los sueldos pagados, poseyendo menos del 1% de los medios de producción7). Son pobres porque son mujeres, y en la medida en la que no lo sean es porque comparten la riqueza de su marido, padre, hermano o tutor.

Lo mismo ocurre con la opresión racial. El racismo tal y como lo conocemos comienza de hecho con la conquista del continente Americano por los Europeos. Tanto sus habitantes indígenas como los Africanos traídos en galeras ocupan posiciones muy precisas en el sistema productivo. Realizan la mayor parte del trabajo hombres, mujeres y niños en régimen de esclavitud o semi-esclavitud. Incluyendo, por cierto, el tipo de trabajo que en teoría no es natural para las mujeres por su “debilidad física” y que justifica en los análisis burgueses la existencia del patriarcado, como la recolección de algodón en el Sur de los EEUU. Tampoco poseen propiedades, y de hecho la propia existencia de los estados coloniales americanos se basa en el robo sistemático de tierras a sus dueños originarios. Ésta es de nuevo una relación de clase, pero que se viste como opresión racial. Los negros o indígenas son los verdaderos proletarios, pero esa situación es natural y esperable debido a su raza. Incluso después de intensas luchas y la victoria de los movimientos reformistas las razas oprimidas siguen ocupando posiciones similares en las relaciones jerárquicas de producción, distribución y administración del producto social, pero a poca gente le extraña. Los pobres lo son porque no son blancos. Todo el que sea pobre se convierte en no-blanco, y en el momento en el que se le pasa a considerar blanco abandona inmediatamente, como grupo, la pobreza. ¿Exagerado? Ahí están las sucesivas oleadas de inmigrantes Europeos a los EEUU (Alemanes, Polacos, Fineses, etc), que al principio no eran considerados como “blancos” (sólo lo eran los colonos originarios y sus descendientes), y por lo tanto eran explotados brutalmente, pero que abandonaron mágicamente su opresión racial (¡y de clase!) al considerarse necesaria su colaboración para hacer de tapón contra los más explotados: negros, chicanos, asiáticos, etc.8

Hacen falta algunas puntualizaciones. Que históricamente la opresión de género o raza sirva de mediación a una opresión de clase no significa que las primeras no existan, o sean secundarias. Se convierten en sistemas semi-autónomos, que pueden convertirse en verdaderos motores de cambio social. Mucha gente vive y muere por ellos, se sienten subjetivamente mucho más oprimidos como raza o género que como clase (y de ahí, en parte, el origen de teorías subjetivistas posmodernas, sobre todo en individuos cuya opresión de clase es relativamente baja). Son también semi-autónomos en el sentido de que existen y operan fuera de las relaciones que los originan. Una mujer burguesa también está oprimida como mujer en muchos sentidos, aunque dicha opresión sea cualitativemente diferente a la que pueda sufrir una mujer proletaria. La diferencia de este análisis materialista histórico, frente a otros tipos de análisis, es que consideramos el origen histórico de estos sistemas opresores (y en gran medida la razón de ser de su continuidad) en las diferentes posiciones que ocupan diversos grupos de seres humanos en las relaciones sociales que definen un modo de producción económico.

Por supuesto ésta es una realidad cambiante. A medida que la historia se mueve cambia la posición de todos los grupos enfrentados que la hacen moverse, y a nadie se le escapa que mujeres o las razas oprimidas no se encuentran hoy en día en la misma situación que hace 100 o 200 años. Sin embargo a día de hoy sí podemos afirmar lo siguiente: en la intersección de la opresión de clase, género y raza es donde se encuentra de hecho la mayor parte del proletariado. El proletariado a nivel mundial (y no cabe otro análisis en un capitalismo imperialista que ya está globalizado), aquellos que con su trabajo sustentan a las demás clases, son en su mayor parte mujeres, son en su mayoría no-blancas, viven en su mayoría fuera de los centros imperialistas. Existen por supuesto proletarios hombres, o blancos, o habitantes de un estado imperialista, pero debido a sus condiciones materiales no son ellos los más interesados, como grupo, en llevar hasta sus últimas consecuencias una reestructuración total de la sociedad. La vanguardia revolucionaria del siglo XXI serán por lo tanto las mujeres trabajadoras de los pueblos oprimidos, y todos aquellos que decidan unirse a su lucha para acabar contra toda opresión de clase, género o raza.


Notas.

1. Ver, por ejemplo, “La creación del patriarcado”, de Gerda Lerner (1987). []
2. Un análisis relativemente breve pero iluminador se puede encontrar en “Divided world, divided class”, de Zak Cope (2012). []
3. Seguramente existen análisis mejores, y no comparto muchas de sus tesis, pero un libro que defiende esta afirmación es “Why the West Rules (For Now)”, Ian Morris (2011). []
4. Recomiendo de nuevo “Divided world, divided class”, de Zak Cope (2012), para un análisis sistemático de este desarrollo histórico. []
5. Ver “Night-vision”, de Butch Lee y Red Rover (1993). []
6. Ver “Exodus and reconstruction: the working-class women at the heart of globalization”, bromma (2012). []
8. Ver “Settlers: the mythology of the white proletariat”, J. Sakai (1983). []