Antonio Gramsci: Odio el Año Nuevo

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Publicado en Avanti!, edición de Turin, de su columna “Sotto la Mole,” 1 de enero, 1916. Traducción obtenida de Bajo la mole (sequitur), con correcciones propias.

Cada mañana, cuando me despierto otra vez bajo el manto del cielo, siento que es para mí  año nuevo.

De ahí que odie esos año-nuevos de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión.

Estos balances hacen perder el sentido de continuidad de la vida y del espíritu. Se acaba creyendo que de verdad entre un año y otro hay una solución de continuidad y que empieza una nueva historia, y se hacen buenos propósitos y se lamentan los despropósitos, etc., etc. Es un mal propio de las fechas.

Dicen que la cronología es la osamenta de la historia; puede ser. Pero también conviene reconocer que son cuatro o cinco las fechas fundamentales, que toda persona tiene bien presente en su cerebro, que han representado malas pasadas. También están los año-nuevos. El año nuevo de la historia romana, o el de la Edad Media, o el de la Edad Moderna. Y se han vuelto tan presentes que a veces nos sorprendemos a nosotros mismos pensando que la vida en Italia empezó en el año 752, y que 1490 y 1492 son como unas montañas que la humanidad superó de repente para encontrarse en un nuevo mundo, para entrar en una nueva vida. Así la fecha se convierte en una molestia, un parapeto que impide ver que la historia sigue desarrollándose siguiendo una misma línea fundamental, sin bruscas paradas, como cuando en el cinematógrafo se rompe la película y se da un intervalo de luz cegadora.

Por eso odio el año nuevo. Quiero que cada mañana sea para mi año nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me sienta borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor.

Ningún disfraz espiritual. Cada hora de mi vida quisiera que fuera nueva, aunque ligada a las pasadas. Ningún día de jolgorio en verso obligado, colectivo, a compartir con extraños que no me interesan. Porque han festejado los nombres de nuestros abuelos, etc., ¿deberíamos también nosotros querer festejar? Todo esto da náuseas.

Espero el socialismo también por esta razón. Porque arrojará al estercolero todas estas fechas que ya no tienen ninguna resonancia en nuestro espíritu, y si el socialismo crea nuevas fechas, al menos serán las nuestras y no aquellas que debemos aceptar sin beneficio de inventario de nuestros necios antepasados.

1 de enero de 1916

Évald Iliénkov: el último Marxista Soviético

Nota: traducción del texto «The Last Soviet Marxist», que a su vez es una traducción del ruso. La traducción al inglés es de calidad desigual, y en algunos casos ciertas frases son prácticamente incomprensibles. He optado por hacer una traducción más o menos literal y marcarlas con un «[*]». En el resto de la traducción he tratado de hacer un texto ligeramente más idiomático y he añadido un par de notas aclaratorias, pero en general se mantiene el «estilo» de la traducción al inglés.

El último Marxista Soviético (traducción de un artículo de Alexei Tsvetkov sobre Évald Iliénkov)

El artículo original en Ruso puede encontrarse aquí.

En un artículo para The Prime Russian Maganize (en su edición sobre el Marxismo), el poeta Alexei Tsvetkov escribió este retrato de Évald Iliénkov, el último Marxista Soviético y una de los más grandes y originales pensadores de la Unión Soviética. Tsvetkov nos ofrece un retrato de una figura realmente única cuyas obras merecen ser releídas y traducidas, pero también un retrato poco habitual de los tiempos y la atmósfera en la que vivió.

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Sobre el último Marxista Soviético.

Al comienzo del conflicto armado entre China y Vietnam aullaba contra su radio negándose a hablar con nadie. Sartre bien podría haber escrito una novela o Godard haber rodado una película sobre él. Alexei Tsvetkov escribe sobre el último Marxista Soviético, Évald Iliénkov.

Los años 40: la dialéctica de la artillería.

El hijo de un famoso escritor Soviético, un amigo de Zabolotski, Iliénkov marchó a Berlín como un oficial de artillería y fue a presentar sus respetos ante la tumba de Hegel a la primera oportunidad. Ganó dos órdenes [N.d.T.: seguramente órdenes de Lenin] y muchas medallas en el frente, pero disfrutaba más enseñando a sus invitados un archivo con el águila Alemana y la inscripción «Sólo para el Fuhrer», que guardaba como un preciado souvenir.

Entre batallas el artillero leía «La Fenomenología del Espíritu» en el alemán original. La Segunda Guerra Mundial fue para él un conflicto armado entre el Hegelianismo de izquierda y el Hegelianismo de derecha, y en la tumba de Hegel agradeció al filósofo el hecho de que fuese el Hegelianismo Soviético el que levantó su bandera sobre la capital Alemana, y no al revés.

Iliénkov siguió siendo un germanófilo durante toda su vida: tradujo a Kant y Lukács, escribió sus libros en una máquina de escribir Alemana que había guardado como trofeo de guerra, dibujó sus propias ilustraciones para «Das Rheingold» y conocía íntimamente a todos los intérpretes vivos de Wagner, cuyas partituras leía antes de irse a dormir para mantener su mente en orden.

Los años 50: conflagración termonuclear en la Universidad.

Después de la muerte de Stalin, Iliénkov enseñó en la Universidad Estatal de Moscú donde escribiría su Cosmología. De los pliegues de su gabán del frente («shinel»), que durante tanto tiempo se negó a cambiar por un abrigo sobretodo, emergió una «familia» entera de los mejores intelectuales Soviéticos de los años 60, incluyendo muchos futuros disidentes y emigrados.

¿Qué les enseñó? Que las contradicciones inmanentes eran el motor principal de cualquier desarrollo. La frontera entre las cosas y los fenómenos se mueve siguiendo la gran regla de la vida, las condiciones de la existencia son la confrontación entre cualquier fenómeno consigo mismo[*]. La nada es simplemente una forma más general del algo. El espacio y el tiempo son esencialmenete sólo el medio por el que la cantidad se vuelve calidad[*]. Entender una parte infinitesimal del mundo de manera profunda y correcta significa poseer la habilidad de entender toda nuestra realidad.

Pero la idea favorita de Iliénkov era la delegación de su pensamiento como condición de todo fenómeno. Cualquier persona se vuelve «ella misma» sólo al sobrepasar los límites y fronteras que le han sido asignados, al igual que un actor de teatro llega a ser él mismo al interpretar a otro. Una persona se vuelve humana sólo como resultado de su actividad.

En su forma más común esta lógica lleva al filósofo a la idea alarmante (que Iliénkov no llegó a explicar a sus estudiantes pero que expuso en su Cosmología) de que el sentido final de una vida razonable en el cosmos sólo llega después de la auto-identificación de esa vida con el propio cosmos. El sentido de la existencia material se muestra durante la conflagración termonuclear. Iliénkov, ateo al 100%, escribió un Apocalipsis Marxista, su propio plan para el fin del mundo.

Enfriamiento, deceleración, extinción, entropía, pérdida de energía —ésta es la ley principal del cosmos—. La razón aparece en el cosmos como el proceso contrario a la entropía, como un desafío a la ruina capaz de devolver la realidad a su estado originario de explosión de plasma, «reseteando» así toda la energía cósmica sin dejar ni un sólo átomo en su posición anterior. Para darle al mundo otra «juventud fogosa». La humanidad es un instrumento único del auto-conocimiento, auto-destrucción y auto-expresión del Universo. El uso de la energía atómica es simplemente la primera pista de nuestra gran misión: el gran sacrificio que constituye nuestra razón de ser.

Fueron pocos los que expresaron con semejante precisión valerosa el pathos fálico y revolucionario de lo moderno, borrando la división entre lo muerto y lo vivo en un acto de destrucción demiúrgica. La cosmología de Iliénkov nos devuelve al pathos de los Himnos Védicos: Shiva y sus múltiples brazos danzando con el fuego, creando e incenciando el mundo innumerables veces. Pero aquí Shiva es reemplazado por una persona del futuro sin clases, libre de ilusiones sobre la redención espiritual y del miedo a la muerte. El ser humano es la figura más paradójica del mundo atómico, destruyéndolo completamente sólo para devolver la energía al mundo.

Los estudiantes del periodo del Deshielo [de Jrushchov], ensimismados con Roerich y el yoga, hacían circular copias mecanografiadas de la «Cosmología» entre ellos. Fue la propia lógica de Iliénkov la que permitió al matemático disidente Shafarevich desenmascarar al comunismo como un culto secreto a la nada y como negación de los fundamentos de la vida.

La conflagración termonuclear de la revolución final no podía ser vista con buenos ojos por la censura Soviética. En Italia fue Feltrinelli, conocido por ser el editor de «Doctor Zhivago», el que intentó publicar su libro [N.d.T.: creo que se refiere al manuscrito de «La Dialéctica de lo Abstracto y lo Concreto en el Pensamiento Teórico Científico», no al texto de la Cosmología]. En Europa Feltrinelli es recordado como el «millonario rojo» que odiaba el capitalismo y soñaba con la revolución mundial. El millonario rojo se sintió atraído por las emociones existenciales a la Hamlet de los textos de Iliénkov.

Los años 60: comunismo en 20 años.

Finalmente se le permite viajar a Europa. Pero incluso allí sólo fuma cigarrillos Cubanos fuertes, en muestra de su apoyo al socialismo tropical frente a las corporaciones tabacaleras occidentales. En el tumultuoso y rebelde mundo de los 60 el Marxismo experimentó un renacer. Marcuse, Fromm, Adorno, Habermas… Iliénkov era prácticamente el único Marxista del lado Soviético que podía hablar con ellos en igualdad de condiciones.

Era tan fácil dejarse seducir por su radicalismo bohemio. Surrealistas y estrellas del rock se contaban entre sus acólitos. Los estudiantes rebeldes les citaban en sus reuniones. Hacían malabares con jerga feminista, estructuralista y psicoanalítica, sentados en cafés de moda mientras discutían sobre el fetichismo de la mercancía que organiza nuestro mundo interior de acuerdo con los principios del supermercado y su jerarquía de productos. O hablaban de la industria cultural que se apropia de cualquier forma de protesta sin funcionar ella misma como una forma de protesta. La Unión Soviética para ellos era «un estado deformado burocrático de los trabajadores» o incluso «capitalista de estado». No había llegado al socialismo y se veía forzada a entrenar a sus ciudadanos para que aceptasen las mentiras rituales de costumbre que les permitían tomar el sueño por la realidad. En cualquier caso la URSS había tomado de buena gana su lugar en el mercado del «sistema-mundo», cediendo su papel revolucionario a la China Maoísta.

Pero Iliénkov no se siente tentado por ellos, ni siquiera secretamente, y debate con ellos sinceramente buscando las zonas grises de sus disquisiciones elegantes. Ve como uno de los errores fatales de la nueva generación de Marxistas Occidentales su contraposición de los dos Marx: el joven romántico Humanista y el viejo economista.

El Marx tardío investigó la causa principal de la alienación —la contradicción entre la naturaleza colectiva del trabajo y el carácter privado de la apropiación de ese trabajo—. El resultado es que tenemos trabajos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos y hacer ricas a personas que no conocemos. Fue esta sensación de estar viviendo una vida que no se posee la que dio origen al fenómeno cultural de los zombies, a quienes se ha extraído la vida como si de muertos vivientes se tratase; también los vampiros, y las siniestras criaturas del espacio exterior que nos utilizan con fines misteriosos. A Iliénkov le perturbaba el hecho de que la Nueva Izquierda rara vez hablase de las soluciones político-económicas a los problemas de la alienación, prefiriendo contrastarla con la alienación artística del «distanciamiento» en el nuevo arte, dirigiendo al revés el automatismo del comportamiento y la percepción[*]. En las formas traviesas del nuevo arte y la contracultura el izquierdismo bohemio descubrió aquello que no estaba permitido constituido como una realidad pero sin poder ser constituida políticamente; posibilidades aplazadas y sueños inútiles. Así el evento de la Revolución era sustituido por la Galería.

Fue expulsado, en todo caso, de la Universidad Estatal de Moscú por su «perversión del Marxismo». Pero esto no impidió que escribiese artículos para las voluminosas enciclopedias Soviéticas y que practicase «la ciencia de la reflexión». Esto tampoco impidió que los alumnos más fieles de Iliénkov tuviesen un papel en la redacción del nuevo programa del Partido.

Y ahora hacia la visión del futuro. El crecimiento del consumo + la educación del nuevo hombre + la automatización del trabajo que nos daría la posibilidad de alcanzar el comunismo. Añadieron unas cuantas palabras sugiriendo que esto sería posible en un periodo de 20 años. Las cosas de utilidad general y acceso público serían tan numerosas que la esfera de las mercancías desaparecería, permitiendo una distribución organizada de manera científica de todo lo existente, el mundo construido como una gran biblioteca. La fantasía Soviética se convertiría por fin en realidad. Tendría lugar una revolución antropológica y todas las relaciones pasarían de ser competitivas a ser simbióticas. El talento se volvería la norma y la falta de talento una aberración. La esperanza de vida, tal y como lo veía Iliénkov, debería llegar a los 130 años.

Los hermanos Strugatsky del periodo «Qué difícil es ser Dios» le leyeron con atención. Aunque la influencia plena de la Cosmología de Iliénkov sólo llegaría más tarde en su «Mil millones de años antes del fin de la Tierra» cuando los científicos comprenden que su ciencia les conduce inevitablemente a un apocalipsis, que el Universo se resiste y que no hay ninguna salida fácil a este problema.

Los innovadores en pedagogía, que se llamaban a sí mismos los «Comunardos», discutieron con Iliénkov cómo rehacer el programa escolar para promover un nuevo tipo de persona en los siguientes 20 años. Mucho antes de eso, sin embargo, los «Comunardos» fueron dispersados, los nuevos libros de los hermanos Strugatsky ya no se publicaban, y gente como Iliénkov ya no recibía permisos para volver a viajar a Europa.

Los años 70: viendo a través de los ojos de otros.

Después del Deshielo en los años vacuos de Brezhnev la tónica general de los más maduros y envejecidos soñadores era la de retirarse a sus mundos privados y profesionales: avanzar en sus carreras, ahorrar algo, aprender idiomas y criar a sus hijos como personas decentes y con cultura. Y sobre el comunismo, bueno, habría que improvisar un poco.

Iliénkov tenía su propia manera de tratar asuntos de «poca importancia». Un antiguo estudiante le sugiere que verifique su propia teoría de la consciencia de manera práctica en el Instituto Zagorsky para niños sordos y ciegos.

¿De dónde procede la personalidad de una persona? ¿Cómo se construye? Cuando alguien le preguntaba de manera capciosa a Iliénkov qué porcentaje de la personalidad era social y qué porcentaje era biológico, el filósofo Soviético contestaba «101% social». Por lo tanto una persona nace varios años después de su aparición física en el mundo, y normalmente muere un poco antes de su muerte física.

La consciencia de una persona puede «soldarse» de la misma manera que un equipo de radio si se tienen los planos delante y se entienden los principios elementales de la operación. A Iliénkov le encantaba coleccionar modelos de magnetófono y televisión, jugueteando durante horas con ellos y el soldador; confesaba que era durante esos momentos cuando las ideas más precisas y originales le venían a la mente. Y si se le acababa el estaño, se dedicaba a encuadernar libros. Una persona dañada podía ser arreglada de la misma manera que un libro.

La diferencia principal entre una persona y un animal es su habilidad para usar el lenguaje, pero el lenguaje sólo es posible cuando esa persona aprende a verse a sí misma a través de los ojos de otros y en última instancia a través de los ojos de toda la humanidad.

El experimento Zagorsky consistía literalmente en esto –enseñar a los niños a «ver» con los ojos de otros, y en los casos más complejos a percibir todos los estímulos externos a través de la gente que les rodeaba–.

Ponía las manos de los niños en las suyas cientos de veces antes que aprendieran a hacer el gesto más elemental. Les enseñaba a pensar con sus dedos para que pudiesen asimilar y aprender a leer en braille, y así después desarrollar lentamente el lenguaje oral.

Día tras día Iliénkov practica con su niño para que éste desarrolle un oído para la música. Le recuerdan como a un mago que se abre paso a través del silencio y la oscuridad para enseñarles a transformar la acción en un gesto, el gesto en un signo y el signo en una palabra. Un mago que abre la ventana del conocimiento de sus universos cerrados a cal y canto. Estaba más orgulloso de esto que de cualquier otra cosa que hubiese hecho nunca.

Cuatro de sus alumnos de acogida sordos y ciegos, gracias a los «esquemas senso-motrices» de Iliénkov, aprendieron a hablar, escribir, recibieron su diploma de educación superior e incluso defendieron sus tesis en Psicología y Matemáticas. En ningún otro lugar del mundo se han obtenido resultados similares.

La cocina de Iliénkov en Kamergesky Pereulok (N.d.T.: una calle lateral en el centro de Moscú, aledaña a la calle Tversakaya y cerca del Kremlin) era uno de los clubs intelectuales más interesantes de los añós del Estancamiento. Allí se reunían todos los bardos, actores del teatro Taganka (el teatro más avant-garde de su época), expertos en cibernética, metodologistas, escritores de ciencia ficción y fantasía, cerebritos de provincias e invitados extranjeros de los movimientos Partisanos del Tercer Mundo. Iliénkov prefería hacer de oyente en su cocina antes que hablar, echando de vez en cuando miradas a las mantis esmeralda que vivían entre sus flores. El filósofo creía que las mantis eran el animal más grácil que uno podía tener en su casa.

Cuando todo el mundo se había aburrido de la conversación se ponían a escuchar a Galich o Jesucristo Superstar en uno de los magnetófonos hechos a mano de Iliénkov.

Sobre la «originalidad de pega» de la contracultura Occidental, el maestro de la cocina permanecía severo en su juicio y de manera diligente y apasionada explicaba que los hippies Americanos eran una simple cuestión de entropía social, deceleración, y una aceptación de la retirada de la Historia con mayúscula en favor de las ilusiones personales. El significado de la originalidad no consiste en hacer un gran alarde de nuestra diferencia con los demás, sino en expresar lo General mejor que el resto. En el arte Pop y el Conceptualismo Iliénkov veía la indiferencia alegre de la burguesía por sí misma.

El cuchillo de encuadernador.

Al contrario que la mayoría de sus interlocutores (Zinoviev, Shchedrovitsky, Mamardashvili, Pyatigorsky) Iliénkov nunca se hizo pasar por dandy. Siempre conservó una aparencia externa como de noctámbulo, completamente indiferente a su aspecto. Sus incipientes melenas eran explicables por el mero hecho de que rara vez recordaba hacer una visita al peluquero.

El dramatismo Wagneriano que tanto apreciaba en su existencia se dejaba ver en la expresividad de su rostro. Casi había llegado a la edad de pensionista. Pero Iliénkov esperaba al comunismo, no a su pensión. E hizo todo lo que estuvo en su mano para ayudar a hacer realidad el programa del Partido.

El Nuevo Hombre no hizo acto de presencia. La alienación y la cosificación se volvieron más comunes, no menos. Las relaciones mercantiles no estaban desapareciendo y la propiedad estatal Soviética no se había socializado realmente. El valor no eliminaba los precios sino que se rendía ante ellos. La explicación oficial de que en el socialismo los precios de los productos son «justos», mientras que en el capitalismo no lo son, era para Iliénkov una fantasía Oriental estéril y de mal gusto, no Marxismo. El paso posterior a la Revolución consistente en cambiar la sociedad no se había dado.

El filósofo se sintió incapaz de producir algo con sentido, incapacitado para continuar su guerra cósmica contra la decadencia del Universo y la difusión de la luz elemental. Cayó en una oscura melancolía alcohólica y en vez de contestar a cualquier pregunta filosófica normalmente se limitaba a repetir su rima favorita, «Y entonces no hubo ninguno».

Sus ya más maduros estudiantes universitarios compraban vaqueros y chaquetas de ante «como las que lleva Serge Gainsbourg». Se interesaban por el misticismo Oriental y la posibilidad de emigrar y, por supuesto, se reían disimuladamente del Leninismo anticuado de su profesor y su amor entrañable por «Sophia Vlasevna» (un apodo común e irónico para el poder Soviético).

Los 20 años hasta el comunismo pasaron e Iliénkov, o así lo parece, era la última persona que recordaba esa promesa. Sintió su ausencia como una derrota personal. Pero los antidepresivos Soviéticos que le habían recetado permanecían escondidos debajo de la almohada sin que su familia lo supiese.

El filósofo tenía amplios conocimientos anatómicos así que cortarse su propia arteria carótida no le supuso un gran esfuerzo. Lo hizo con un cuchillo de encuadernador que había afilado con una sierra. Según las leyes de la dialéctica cualquier herramienta podía ser transformada en un arma de la misma forma que cualquier trabajador podía ser transformado en un soldado.

Ahogándose en sangre dejó su apartamento para colapsar en las escaleras, cumpliendo a su manera lo que él que veía como el fin último de toda vida racional. El triunfo de la dialéctica de la existencia es el momento de restitución al Big Bang —el suicidio plasmático de la realidad—. Una persona pensante intenta en su actividad racional reproducir la naturaleza existente en su totalidad.

Su biografía me sería suficiente para explicar a cualquiera qué fue el siglo Soviético y cuál es el proyecto Modernista de rehacer el mundo y a la Humanidad misma.

En esta Torre de Tatlin la bandera roja ondea sobre el Reichstag, su «visión» de los niños ciegos, la conflagración atómica intolerable inundando el horizonte, los retratos de Mao en los muros de la Sorbona ocupada por los estudiantes, exceso termonuclear en el mundo a través de la imagen del sacrificio cósmico definitivo.

Tal y como dice la paradoja favorita de Iliénkov, el sentido último de lo «Soviético» sólo puede ser revelado cuando su trabajo ha terminado y empieza a difuminarse en los ojos del espectador.

No recordamos ni podemos utilizar de ninguna manera aquello que estaba con nosotros hace tan poco. Y eso significa que nos merecemos todo lo que nos ocurre: todo lo que ha ocurrido y todo lo que está a punto de ocurrir.

La persistencia de la dialéctica

Hay debates que se leen como imagino que una aficionada al fútbol ve un partido entre dos equipos con los que no tiene ningún vínculo emocional. Es posible que por motivos más o menos inexplicables se sienta más afinidad por una parte, pero si no juegan bonito es probable que la cosa sea insoportable. El partido, o debate, del que escribo hoy se jugó hace unos días entre Steve Keen y un tal David Andolfatto. El primero es un economista postkeynesiano de cierto renombre muy crítico con la «ortodoxia neoclásica»1. El segundo, que yo sepa, no es nadie conocido, pero su papel en esta obra es el de miembro de la nomenklatura económica en los EEUU (trabaja para la Reserva Federal) y defensor de esa ortodoxia que alguna gente de naturaleza optimista cree que está empezando a hacer aguas. Como buen marxista recalcitrante no estoy en lo esencial de acuerdo con ninguno de los dos, pero la deriva de su conversación terminó llegando a tratar temas básicos que creo que merecen un par de reflexiones.

Las cuestiones más o menos superficiales sobre las que empezaron a hablar no tienen mucho interés, pero por esa lógica perversa de tantos debates al poco rato los dos habían llegado paso a paso a tratar temas absolutamente fundamentales. La primera jugada del partido que me hizo empezar a prestar más atención fue el texto “Steve Keen still butchering basic microeconomics”. En apariencia la cosa va de que el pobre Steve no se sabe un par de reglas básicas de diferenciación, pero el meollo del asunto se encuentra, sin que sirva de precedente, en los comentarios. Se acusa al autor, Chris Auld, de distraer la atención con detalles irrelevantes: la crítica fundamental de Keen se sustenta en que la economía neoclásica intenta usar modelos estáticos (de equilibrio), para analizar un objeto, la economía capitalista, que es inherentemente dinámico. Los apaños modernos como los modelos EGDE (Equilibrio General Dinámico Estocástico) no sirven, argumentan, porque se simula el dinamismo con «shocks» externos a la lógica del sistema, que parte del equilibrio, en vez de partir de un modelo intrínsecamente dinámico que coyunturalmente pueda llegar a puntos de equilibrio. Por tanto esto no es una mera rencilla sobre errores de cálculo, sino una confrontación de principios sobre la naturaleza del objeto a analizar y la forma correcta de reproducirlo teóricamente.

La respuesta típica a esta problemática, y la que defiende Andolfatto, es que cosas como un modelo EGDE son una simplificación pragmática, que ayuda al economista en su tarea. «Supongamos que las cosas son así…», dice el economista, y a ver a dónde llegamos. Un momento, responde Keen, porque no todas las presuposiciones son creadas iguales, y enlaza a este texto. La idea es que hay diferentes tipos de presuposiciones que es posible realizar a la hora de elaborar una teoría científica, de las que yo voy a destacar dos. La presuposición simplificadora elimina un aspecto del objeto que se considera secundario para facilitar el trabajo, asumiendo que la teoría resultante seguirá siendo válida en lo esencial aunque luego se incluya ese factor de nuevo. Un ejemplo típico serían las leyes de Newton en las que, inicialmente, se puede suprimir el rozamiento como simplificación. El caso contrario es la presuposición de dominio: aquí la relación entre la validez de la teoría y las presuposiciones de la ciencia es positiva, y la teoría dejará de ser válida en el momento en el que esas condiciones no se cumplan. La crítica de Keen, entre otros, es que la economía neoclásica supone haber hecho presuposiciones simplificadoras cuando en realidad las ha hecho de dominio. Si asumimos el equilibrio como estado «natural» de la economía, y la realidad resulta ser la contraria, es posible que nuestra teoría no esté de hecho describiendo el mundo en el que vivimos.

La definición de la dialéctica según Lenin en sus manuscritos filosóficos.

La definición de la dialéctica según Lenin en sus manuscritos filosóficos.

Llegados a este punto es posible que se haya empezado a dibujar una sonrisa en vuestras caras: esta gente, quizás sin saberlo, está hablando de dialéctica. El debate sobre si el capitalismo es inherentemente dinámico, necesitando de una teoría que refleje esto fielmente, quizás resulte más familiar si en vez de dinamismo hablamos de contradicciones. Según Iliénkov la diferencia fundamental entre el pensamiento metafísico (en el sentido de no ser dialéctico) y la dialéctica es que el primero siempre ve las contradicciones como error, fantasma subjetivo, algo a eliminar en el camino hacia la verdad2. Nada más natural para esta forma de pensar que partir de un capitalismo en estado de equilibrio, en el que el cambio existe como algo que se aplica de manera puramente externa, artificial, y no como lógica inmanente de su desarrollo. Quedaría el no olvidar que es además un proceso histórico, con un principio y con un fin, y no una totalidad eterna que incluso con movimiento dentro de sus partes no tendría un fin en sí mismo; es decir, el capitalismo representaría el fin de la historia, el modo natural de relación económica entre los seres humanos. Por tanto en cierta forma este debate se retrotrae a la relación entre Adam Smith y David Ricardo. Marx echaba en cara a Smith el apreciar la historicidad del capitalismo, pero el querer barrer sus contradicciones debajo de la alfombra. Ricardo, por el contrario, se enfrentaba cara a cara con sus aspectos contradictorios, pero lo tomaba como cosa dada con unas categorías (valor, salario, beneficio, renta, etc) eternas. La crítica postkeynesiana a la teoría neoclásica tiene un momento de radicalidad, pero todavía está un paso por detrás de la profundidad a la que Marx llegó hace ya tanto tiempo al mezclar una visión historicista y de contradicciones inmamenentes (o dinamismo) en el capitalismo.

La cuestión de las presuposiciones, y su legitimidad, también ha sido tratada con profundidad por la dialéctica. Marx agonizó durante décadas sobre cuál era el supuesto inicial adecuado con el que comenzar su crítica de la economía política. Es bien sabido que después de muchos volúmenes de notas y cambios de opinión acabó eligiendo la mercancia como punto de partida, pasando rápidamente a las categorías de valor de uso, de cambio, y su famosa teoría del valor trabajo. Aunque El Capital contiene unas breves justificaciones, o «pruebas», de la realidad del trabajo abstracto como sustancia del valor, esta elección ha sido una de las más polémicas en la historia del marxismo. Recibió críticas notorias de marginalistas como Böhm-Bawerk, que sostenían que como mínimo era igual de legítimo suponer como punto de partida una perspectiva subjetivista del valor. Pero incluso el propio Engels planteó a Marx que quizás las justificaciones iniciales sobre la realidad objetiva del valor no eran todo lo sólidas que deberían3. La respuesta de Marx es categórica: es ridículo pretender que se dé una justificación completa de toda la ciencia antes de la propia ciencia. La única justificación posible de la elección del punto de partida será el sistema en su totalidad, y su capacidad de reflejar fielmente el objeto de estudio4. Por lo tanto la elección del valor-trabajo sería una presuposición de dominio, que será justificada según la calidad de la teoría resultante, mientras que otras presuposiciones que hace Marx, como el que toda mercancía se vende por su valor en el primer volumen de El Capital, son simplificadoras (¡como el propio Marx dice explícitamente!).

No es mi intención explorar aquí estas cuestiones en toda su profundidad. Primero porque para ello harían falta libros enteros, y segundo porque honestamente sólo creo haber empezado a arañar su superficie y no me veo capacitado para ello. Sí que puedo, como buen comentarista deportivo, plantear mis propias conclusiones intrascendentes sobre el tema. Lo primero a destacar es que este y otros debates, y toda la controversia que representan, demuestran la vigencia de cuestiones básicas que han sido enterradas por al menos algunas ciencias durante más de un siglo. El positivismo ingenuo que hoy en día domina el pensamiento científico ha dado sus frutos, pero sigue siendo fundamental la reflexión filosófica sobre la lógica de la realidad y el método para conocerla, la dialéctica5. Si la filosofía aspira a recuperar su prestigio y el puesto en la sociedad en el que es necesaria debe centrar su estudio en las leyes del propio modo de pensar y la realidad objetiva, en dirigir el pensamiento científico hacia sí mismo6 para mejorar el propio método científico. Lo segundo, por terminar, es que este debate es otra prueba más de que una reproducción teórica adecuadad de la realidad acaba forzando al científico a pensar de manera dialéctica, lo quiera o no y sea consciente de ello o no. Quizás en la época en la que nos ha tocado vivir esto pueda llevar a un momento fugaz de satisfacción, pero no hay ningún hueco para el descanso. Aunque la implacable lógica universal se acabe imponiendo sobre nuestras mentes la historia nos demuestra que este proceso puede durar siglos, un reptar penoso en el que se exploran absolutamente todas las posibilidades de manera machacona hasta que casi por agotamiento alguien decide tomar el camino en apariencia más contradictorio con la apariencia superficial de las cosas. Ni simple sistematizadora del empirismo, ni ciencia de las ciencias que permite como por arte de magia llegar a la verdad de manera puramente especulativa, el papel de la dialéctica es el de acompañar a cada paso a las demás ciencias para ayudarnos a acelerar el proceso de comprensión y transformación revolucionaria de la realidad.


1. En general su salto a la fama se debe a haber sido uno de los pocos economistas con cierta presencia mediática que supo predecir el estallido de la burbuja inmobiliaria en el 2008. A partir de ahí su libro «Debunking Economics», un asalto frontal a la teoría neoclásica, se ha hecho muy popular. []
2. «La diferencia entre ellas [dialéctica y metafísica], expresada de la forma más general posible, es que la metafísica interpreta la contradicción como un simple fantasma subjetivo que lamentablemente surge en el pensamiento debido a las imperfecciones del mismo, mientras que la dialéctica la considera como la forma de desarrollo lógico del pensamiento, de la transición de la ignorancia al conocimento, del reflejo abstracto del objeto en el pensamiento hacia un reflejo más concreto [científico] del mismo». E. V. Iliénkov, «Dialéctica de lo abstracto y lo concreto en El Capital de Marx» (1960), p. []
3. Engels a Marx, 16 de Junio de 1867[]
4. Marx a Engels, 27 de Junio de 1867[]
5. «En El Capital, Marx aplicó a una sola ciencia la lógica, la dialéctica y la teoría del conocimiento del materialismo [no hacen falta tres palabras: es una y la misma cosa]». V. I. Lenin, «Cuadernos Filosóficos» (1915)[]
6. «A la filosofía desahuciada de la naturaleza y de la historia no le queda más refugio que el reino del pensamiento puro, en lo que aún queda en pie de él: la teoría de las leyes del mismo proceso de pensar, la lógica y la dialéctica». F. Engels, «Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana» (1888)[]

La porra, el yugo y la correa. Qué podemos aprender de la manera en que una cultura trata a los animales.

Nota: ésta es una traducción del texto de Aviva Cantor, “The club, the yoke and the leash. What can we learn from the way a culture treats animals”. El original puede encontrarse aquí.

En ningún lugar se puede ver tan claramente el puño de hierro del patriarcado como en la opresión de los animales, que sirve como modelo y cancha de entrenamiento de todas las otras formas de opresión.

Sus tres estrategias básicas -la porra, el yugo y la correa- operan igualmente en la opresión de las mujeres y las minorías. La estrategia de la porra es matar animales por beneficio económico, placer sádico y la “afirmación de la masculinidad”. Es la dominación por la fuerza bruta. La estrategia del yugo consiste en domesticar animales para cargar bultos o tirar de vehículos, producir huevos, lana y leche; proveer carne y pieles. Es la dominación por la esclavitud. La estrategia de la correa es amansar animales para obtener los beneficios psicológicos de la dominación directa del amo sobre la mascota. Es la dominación por el engaño.

La porra

En la Edad de Piedra, cuando los humanos temían y respetaban a los animales salvajes, la porra -la fuerza bruta aumentada por las herramientas letales- permitió a los cazadores eliminar poblaciones enteras de animales que no necesitaban para alimentarse pero que eran consideradas una amenaza. En periodos históricos posteriores, la caza se convirtió en un deporte popular que funcionaba algunas veces como símbolo del poder de la clase dominante con las consecuentes restricciones a su práctica. Hoy en día es practicado por una gran cantidad de hombres de clase baja, así como por patricios de clase alta, que experimentan cierta “excitación” gracias a la reconstrucción segura de la caza primitiva.

La caza contemporánea de animales con rifles automáticos, vehículos de nieve, helicópteros y flechas envenenadas no da a los animales ninguna oportunidad. Pero al cazador no le interesa una competición real, sólo ganar. Las cabezas, cornamentas o patas de los animales que cuelgan de manera prominente en las viviendas o clubs masculinos, llamados de manera significativa “trofeos”, demuestran una “victoria” sobre lo salvaje que otorga un status a los hombres sobre sus semejantes.

La caza de animales por placer sirve como forma de entrenamiento para el endurecimiento, la crueldad y la falta de sensibilidad. Enseña a los hombres a no sentir nada cuando matan o mutilan a una criatura viviente. Existe una progresión sorprendentemente corta desde la caza de animales a la caza de y tortura de personas, la captura y linchamiento de negros o la ejecución de judíos durante el Holocausto. Cuando el protagonista de “El Cazador” (N.d.T: “The Deer Hunter”) vuelve de la matanza de Vietnam y sale de caza con sus amigos, se ve incapaz de matar a un ciervo. Ha sentido la conexión que existe entre la facilidad con la que se mata a un ciervo y la facilidad con la que se mata a la gente, y ya no desea ninguna de las dos.

Una segunda estrategia de la porra es el abuso de animales en la pornografía. Harriet Schleifer, una de las fundadoras de Mujeres de Montreal contra la Pornografía y directora ejecutiva del Colectivo para la Liberación Animal de Quebec explica que el bestialismo no es de ninguna manera un nicho en la pornografía, sino que tiene libros, revistas y películas dedicadas al mismo. “El sexo pornográfico con animales es brutal y explotador”, escribe, “siendo habitual el abuso sexual y posterior asesinato de los animales en vídeo [películas snuff con animales] sólo para el disfrute de hombres con un gusto por las fantasías de ese tipo.”

La vivisección -la experimentación en animales vivos- es una tercera categoría de crímenes contra los animales bajo la estrategia de la porra. Sólo en los EEUU más de 100 millones de perros, gatos, primates, conejos, roedores y otros animales son torturados, mutilados, y asesinados cada año en aras de la experimentación y enseñanza “científica”, médica y psicológica. Las instituciones científicas insisten en que esos experimentos son necesarios, a pesar de que la salud de la nación [N.d.T: los EEUU] no ha mejorado de manera significativa en los últimos 50 años. Un gigantesco número de experimentos han sido realizados de manera repetida con las más ínfimas variaciones para así poder recibir una beca federal o merecer una tesis doctoral, todo ello a pesar de la disponibilidad creciente de métodos alternativos de investigación.

La función primaria de los laboratorios de vivisección es servir como campos de entrenamiento para las autoridades científicas, los sumos sacerdotes de la medicina y la salud mental. El aprender a suprimir los sentimientos, la sensibilidad y la emoción supone una gran parte de su agenda oculta. Hans Ruesch escribe lo siguiente en “Asesinato de los inocentes” sobre los experimentos Nazis con prisioneros de guerra: “Muchos de los prisioneros gritaban mientras parte de sus cuerpos se congelaban. Pero los médicos encargados del experimento estaban acostumbrados a los gritos -de los laboratorios de animales.”

Es más, cualquier estudiante de zoología, biología y psicología, todo doctor y psiquiatra, es obligado a realizar una vivisección para poder graduarse y conseguir su título (sólo un pequeño porcentaje se niegan). Tras haber probado ser duros, insensibles y sin sentimientos -y capaces de tener la boca cerrada, ya que todo lo que ocurre en los laboratorios financiados con dinero federal se mantiene en secreto ante el público que paga los impuestos- los futuros sanadores del patriarcado son por fin considerados dignos de practicar sus artes en personas. Algunos serán capaces de superar estas experiencias, pero muchos mantendrán la falta de sensibilidad que aprendieron en los laboratorios de vivisección. Los doctores alemanes a juicio en Nuremberg explicaron que ya que habían realizado vivisecciones con animales, era “lógico” que también deseasen practicarlas con seres humanos. El mito muy extendido de que la vivisección había sido prohibida en la Alemania Nazi hace creer a la gente que la prohibición de la experimentación en animales lleva irremediablemente a la experimentación con seres humanos, llevándoles a concluir que la vivisección debe ser apoyada.

La destrucción de cientos de naciones animales y el asesinato y mutilación de animales individuales tienen su paralelo en el femicidio, el asesinato de las mujeres. Algunos ejemplos de femicidio, muy numerosos a lo largo de la historia, incluyen el asesinato de casi nueve millones de mujeres acusadas de ser brujas en la Edad Media Europea. Como hecho significativo, algunos animales eran ejecutados al mismo tiempo acusados de ser “espíritus familiares” de las brujas.

Otro ejemplo de la estrategia de la porra, de la fuerza bruta masculina aplicada a las mujeres humanas es, claro, la violación. La violación, especialmente las violaciones en grupo, se parece mucho a la caza. Ambas implican el acoso de la víctima, la crueldad y la excitación de la captura y la muerte, la degradación de la víctima, el disfrute ante su terror y derrota.

Andrea Dworkin en “Pornografía: hombres poseyendo a mujeres” (Perigee) describe una fotografía que ilustra este paralelismo. La foto, titulada “Cazadores de castores”, muestra a una mujer desnuda atada con una cuerda al capó de un todoterreno en el que están sentados dos hombres vestidos de cazadores y con rifles. El texto debajo de la foto dice: “Los cazadores occidentales nos cuentas que la caza fue particularmente bien… durante la temporada anterior. Estos dos cazadores… explicaron a ‘Hustler’ que rellenaron y montaron a su trofeo nada más llegar a su casa.”

El yugo

La domesticación de los animales durante la Era Neolítica fue un proceso largo cuyos orígenes todavía son objeto de debate entre prehistoriadores y antropólogos. Sean cuales fueren sus orígenes, la metodología de la domesticación implicó la limitación del movimiento, la castración y la cría forzada para la creación de lo que eran esencialmente nuevas especies.

Las corridas de toros y los rodeos son intentos de reconstruir el drama de la domesticación y la subyugación de los animales. El toro, tradicionalmente y de manera significativa el símbolo de la fertilidad, es el más fuerte y por lo tanto más peligroso de los animales domesticados en Occidente. La corrida de toros, escribe Philippe Diolé en “El Arca Errante”, “es una ceremonia en la que todo ha sido planeado para demostrar la superioridad del hombre sobre el animal”, y éste es su proposito principal. Por lo tanto es irrelevante que la corrida esté amañada y se parezca más a una ejecución pública que a otra cosa.

El rodeo es la versión Estadounidense de la corrida de toros, reconstruyendo el drama de la doma de caballos y ganado en la “frontera” del Oeste. Aquí, también, el reto que supone el animal sólo es aparente. Los espectadores pueden no darse cuenta -aunque los participantes lo saben- de que los caballos y toros son obligados a actuar apretando un cinturón en su costado justo antes de soltar al animal al ruedo. En la modalidad “quebrar al toro” el objetivo es tirar al animal al suelo con tal violencia como para que permanezca atontado el tiempo suficiente para atar tres de sus patas; uno de cada 15 toros queda cojo o muere durante el proceso.

La domesticación requirió que los animales fueran encerrados en un espacio limitado sin posibilidad de moverse o escapar para criar o encontrar comida que no fuese la que recibían. Encerrar a los animales como prisioneros en áreas cerradas lleva a que acaben perdiendo su capacidad de supervivencia. La limitación del movimiento produce resultados similares en la domesticación de las mujeres.

Otro método de domesticación consistía en la cría selectiva para conseguir tamaños reducidos, docilidad, dependencia y rasgos juveniles que persistían en la edad adulta.

En las granjas industriales de hoy en día el animal es sintético hasta el punto de no ser más que una máquina de producir carne, huevos o leche, y es tratado de esa manera. El confinamiento de los animales ha crecido hasta tal punto que no se puede decir que su vida tenga ni el más mínimo parecido a la que llevaban sus ancestros. Las crías de ganado viven 16 semanas pasando 22 horas al día en total oscuridad, encadenadas en una jaula en la que no pueden moverse. Este tratamiento produce carne de ternera lechal tierna. Las gallinas están tan hacinadas bajo luces que brillan durante 18 horas al día (para estimular la producción de huevos) que algunas llegan a matar a sus compañeras a picotazos si no se les arrancan los picos. Las vacas han sido alteradas de tal manera mediante la crianza selectiva para incrementar la producción de leche que necesitan utilizar sujetadores para que sus ubres no se arrastren por el suelo.

La ingeniería genética es el último paso en el espectro de control patriarcal sobre la reproducción de los animales domesticados. Si la ciencia consigue finalmente ser capaz de diseñar desde cero la apariencia y comportamiento de las especies animales, entonces los hombres habrán pasado a ser verdaderamente “como dioses”.

El control sobre la reproducción también ha sido crucial en el plan de los hombres de crear una hembra humana domesticada. Al ganar el control sobre con quién podía reproducirse una mujer, y en qué circunstancias, eran capaces de crear un género de acuerdo con sus propias especificaciones. Debido a que el control sobre la reproducción es la clave en la domesticación de las mujeres, la oposición al control del mismo por las mujeres suele ser particularmente extremo y violento.

Las implicaciones de esta domesticación son terroríficas. Ya que, si durante milenios, las mujeres han sido seleccionadas por su docilidad, este rasgo -suplementado por el infanticidio femenino y apoyado por la socialización “femenina”- puede haber pasado a formar parte de la estructura genética femenina junto con otras características, por supuesto positivas, desarrolladas para su supervivencia como pudieran ser la cooperación, resistencia y sensibilidad. Sin embargo, las tendencias dóciles pueden ser superadas, muchos animales domesticados, como los caballos, vuelven a sus comportamientos originales si consiguen escapar de su confinamiento. La lección para las mujeres es evidente.

La correa

La tercera estrategia patriarcal consiste en convertir al animal en una “mascota”. Desde tiempos prehistóricos la gente ha creado y desarrollado lazos afectivos con animales que eran sus compañeros. Pero la diferencia entre un compañero animal, cuya naturaleza y necesidades son respetadas, y una mascota es que la mascota vive con las personas con una correa real o invisible de sufrimiento.

En apariencia, la mascota (uno de los significados de la palabra es “favorito” [N.d.T: esto es cierto en el original inglés, “pet” puede usarse para indicar que algo es el favorito en un grupo]) parece ser una excepción a la regla de la relación hombre/animal basada en el poder y la fuerza. Un hombre puede apalear conejos, envenenar coyotes, torturar mapaches, atropellar a propósito ardillas, disparar a gatos callejeros con rifles de balines, aplastar a lobos con su moto de nieve, paralizar a ciervos con flechas envenenadas, e inventar maneras científicas de volver a monos locos -sólo para volver a su casa y acariciar a su perro. La mascota es realmente un símbolo. Y, siendo un símbolo, su status puede deteriorarse en cualquier momento. Es marginal, su existencia se permite en los intersticios de la sociedad de los hombres siempre que sirva para satisfacer alguna necesidad humana. Al contrario que el animal “salvaje”, no tiene defensas. Al contrario que el animal esclavo, no posee un valor económico.

En mayor grado incluso que el animal esclavo domesticado, la mascota es una criatura totalmente dependiente de su amo para obtener su comida, cobijo y protección. Es un “juguete viviente”. Criada para ser dócil y obediente, eliminadas sus habilidades de supervivencia, sería improbable que consiguiese sobrevivir mucho tiempo en un entorno salvaje o en la jungla de asfalto, como es evidente por las cortas y tristes vidas de las mascotas abandonadas y perdidas.

“Una mascota”, escribió Diolé, “es un remedio soberano contra los sentimientos de inferioridad o rechazo… y nuestra… defensa psicológica contra las mujeres que nos rechazan, los jefes que no nos aprecian, nuestros competidores…”. Algunos hombres necesitan perros, continua, “para poder convencerse a sí mismos que son figuras con autoridad”. Thorstein Veblen escribió que cuánto más inútil es un perro, más status otorga a su dueño, que demuestra así que puede permitirse una criatura sin ningún valor económico inmediato.

Al contrario que los animales esclavos, que han sido “diseñados” mediante la crianza selectiva para trabajar para los humanos, la mascota, aunque también producto de la crianza selectiva, requiere un entrenamiento de obediencia para llegar a responder a los dictados de sus dueños individuales. Una de las emociones de poseer una mascota es la de enseñarle “trucos”. Cuánto más “salvaje” sea la naturaleza del animal, mayor será el prestigio si se consigue que haga esos trucos.

Al igual que un animal elegido como esclavo realiza una función diferente a la del animal elegido como mascota, la mujer elegida como mascota también tiene una función particular. Existe por supuesto un solapamiento en las funciones. De manera significativa, el psicólogo infantil Boris Levinson comenta en “Psicoterapia Infantial centrada en Mascotas” que el animal domesticado sirve al cuerpo del hombre; la mascota, a su psique: “que de manera ocasional los animales tuviesen un rol doble era tan inevitable como la confusión humana [sic] entre el papel de una mujer y una amante.”

La mujer-mascota es entrenada para ser dependiente e inútil, incapaz de distinguir o tratar de suplir sus propias necesidades, centrada en su amo como proveedor, protector y rescatador. Está programada para estar aterrorizada del mundo exterior y para encontrarlo carente de interés. Su amo es todo su mundo. La mujer-como-mascota suplanta el papel de la mujer-como-esclava en situaciones en las que la inutilidad de un miembro del hogar sirve como prueba de la riqueza y poder de su amo. Como símbolo, la mujer-mascota recibe un trato diferente que otras mujeres, un privilegio ganado con el buen comportamiento.

El amansar a animales como mascotas ha proporcionado técnicas útiles para amansar a las mujeres como mascotas. Por ejemplo, la restricción del movimiento es esencial. Para las mascotas animales existen cuerdas, correas, collares y bozales; para las mujeres mascotas existía el “vendado de pies” -que aseguraba, en palabras de Dworkin, “una nación de mujeres que eran incapaces literalmente de ir a ningún sitio”- ropas como los corsés, que dificultan el movimiento, o lugares designados peligrosos e “inmorales” por los hombres que las mujeres deben evitar.

Un segundo método de entrenamiento de mascotas ha sido el de eliminar las actividades naturales de los animales. Para las mujeres esto significó eliminar la actividad humana natural del trabajo. Una tercera técnica para el amansamiento consiste en recluir a un animal de su propia especie. Las mujeres-mascota, cada una recluida en su propia casa, es alentada a desconfiar de y competir con otras mujeres, a centrarse sólo en su amo.

Igual que con las mascotas animales, el sistema de recompensa y castigo moldea a las mujeres individuales según los deseos de su amo. La recompensa principal por el buen comportamiento es el “amor” y objetos materiales. El castigo va desde la eliminación del “amor” y la ayuda financiera hasta amenazas de abandono, abuso físico y violación.

Un último paralelismo entre los animales mascota y la mujer-mascota es el espectáculo. El equivalente humano de los shows de mascotas son las fiestas de “presentación” para exhibir a mujeres-mascota núbiles y de clase alta, al igual que los concursos de belleza a nivel local o internacional.

Muchos psicólogos han observado que los niños pequeños se identifican intuitivamente con los animales. Por lo tanto en nuestra cultura es necesario programar a los niños, especialmente los varones, para oprimir a los animales. La programación prosigue durante toda la edad adulta mediante la repetición constante de una propaganda diseñada para hacer parecer a los animales irreales, aterradores y repugnantes.

Las mascotas que los niños reciben para “entrenar” (o sea, para controlar y dominar) cuando son muy jóvenes sirven muchas veces para alejarles de los animales, a pesar de las buenas intenciones de sus padres. Los peluches les enseñan a ver a los animales de una manera irreal, del mismo modo que las muñecas enseñan a las niñas a ver a los bebés y las mujeres como objetos y juguetes.

Los circos y los zoos, vistos como un entretenimiento dirigido principalmente a los niños, degradan a los animales, dando una justificación social a la dominación de los animales por la fuerza, y también dando una imagen irreal de ellos. Como Maureen Duffy observa en su ensayo “Animales, Hombres y Moralidad” (Grove), el punto álgido del circo a mediados del siglo XIX coincidió con la popularización de teorías evolutivas que sacudieron las creencias anteriores sobre la condición única de los seres humanos. Fue en este momento, dice, cuando los circos empezaron a utilizar a “los primos [de los humanos] tratando de imitar a las personas… y fallando, demostrando así nuestra dominación sobre ellos…”, nuestros imitadores eran “lamentablemente ineptos”.

Los zoos, a pesar de todos los esfuerzos de sus gerentes y educadores progresistas, se parecen muchas veces a los asilos o sanatorios mentales que se visitaban en el siglo XVII o XVIII para pasar una tarde de domingo. Los niños aprenden que está bien capturar y encerrar a un animal de por vida siempre que los humanos se entretengan o “eduquen” con el espectáculo.

Los animales domesticados se convierten en objetos desagradables para justificar su esclativud: el cerdo es sucio, los pavos demasiado estúpidos como para guarecerse de la lluvia. Las mascotas que no son tan dóciles como se esperaría de una mascota -como los gatos- son descritas como poco amigables, egoístas, engañosas.

Estos sentimientos desagradables y odiosos pueden ser transferidos a las personas igualándolas con los animales. Algunos nombres despectivos para las mujeres incluyen insultos como vaca, perra, gallina, arpía, coneja estúpida, gansa, pajarraca y zorra, o adjetivos como tímida (N.d.T: “mousy” en el original), cara caballo y gata. Algunos nombres sexuales coloquiales incluyen pájara (en el Reino Unido), pollita (N.d.T: “chick” en el original) (en los EEUU blancos) o zorra (en los EEUU negros). Los genitales femeninos se llaman “pussy” o “beaver” (N.d.T: términos intraducibles manteniendo relación con los animales). De igual modo, a los negros se les llama “mapaches” (N.d.T: “coon”), o “conejos de la jungla”, y la propaganda Nazi igualaba a los judíos con los “gusanos”.

Se nos bombardea con propaganda contra los animales desde los lobbies de la caza, la ciencia, las industrias agrícolas, de mascotas y de entretenimiento, donde se suele abusar de los animales para el disfrute de los espectadores. Aunque estas industrias se benefician económicamente de la explotación animal, es el propio sistema patriarcal el que se beneficia, se mantiene y se recarga a través de la opresión animal. Y cuando el patriarcado se beneficia a través de la porra, el yugo y la correa, todos los animales -humanos y no humanos- pierden.


Aviva Cantor es la editora jefe de “Lilith”, una revista feminista judía.

J. V. Stalin sobre la Democracia Popular en China

Nota: el presente texto es una traducción de “J. V. Stalin on People’s Democracy in China”, a su vez extraído de la obra “Five Conversations with Soviet Economists, 1941-1952”. El texto, escrito poco después de la toma del poder en todo el país por el Partido Comunista Chino, se refiere a la etapa de Nueva Democracia en China, anterior a la etapa de construcción socialista que generalmente se considera empieza alrededor de 1954.

22 de Febrero, 1950

Existen algunos analfabetos en cuestiones económicas que no distinguen entre la República Popular China y las Democracias Populares de los países de Europa Central y Sudeste, digamos la República Democrática Popular de Polonia. Son cosas diferentes.

¿Qué es una Democracia Popular? Posee al menos las siguientes características: 1) El poder político está en las manos del proletariado. 2) Nacionalización de la industria. 3) Papel dirigente de los Partidos Comunistas y del Pueblo Trabajador. 4) La construcción del socialismo no sólo en las ciudades sino también en el campo. En China ni siquiera podemos hablar de la construcción del socialismo ya sea en las ciudades o en el campo. Algunas empresas han sido nacionalizadas pero esto no supone más que una gota en el océano. La inmensa mayoría de las mercancías industriales para la población son fabricadas por artesanos. Hay unos 30 millones de artesanos en China. Éstas son algunas de las diferencias importantes entre los países de las Democracias Populares y la República Popular China: 1) En China existe una dictadura democrática del proletariado y el campesinado, similar a aquella de la que hablaban los Bolcheviques en 1904-05. 2) Existía opresión de una burguesía extranjera sobre China, por lo que la burguesía nacional de China es parcialmente revolucionaria. A la luz de este hecho una coalición con la burguesía nacional es permisible, en China los comunistas y la burguesía forman un bloque. Esto no es antinatural. Marx en 1848 también realizó una coalición con la burguesía, cuando editaba el Neue Rheinische Zeitung, aunque no duró mucho tiempo. 3) En China todavía se enfrentan a la tarea de acabar con las relaciones feudales, y en este sentido la revolución China nos recuerda a la revolución burguesa Francesa de 1789. 4) La característica especial de la revolución China es que el Partido Comunista está al frente del Estado. Por lo tanto, se puede decir que en China hay una República Democrática Popular pero sólo en su primera etapa de desarrollo.

La confusión sobre este problema ocurre porque nuestros cuadros carecen de una educación económica profunda.

(de Cinco Conversaciones con Economistas Soviéticos, 1941-1952, J.V. Stalin, original en inglés Copyright © 1998 de “Revolutionary Democracy”)

Sobre los estándares de conducta feminista

Nota: el presente texto es una traducción de “On Standards of Feminist Conduct” del Centro de Estudios Marxista-Leninista-Maoísta (Center for Marxist Leninist-Maoist Studies, CMLMS).

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La violencia contra las mujeres es una característica permanente de todas las sociedades capitalistas, incluyendo a la sociedad capitalista de los EEUU. Es uno de los aspectos más aborrecibles del patriarcado, la detestable institución para la opresión de las mujeres. El patriarcado en los EEUU posee unas características específicas propias del capitalismo, como la extendida mercantilización de la mujer. El término “mercantilización” se refiere a la transformación de las mujeres por parte de los capitalistas en objetos en venta, un proceso en el que también participan los hombres ordinarios.

La violencia contra las mujeres también aparece en el seno de organizaciones y movimientos que se autodefinen como revolucionarios. Esto incluye violaciones, abusos sexuales, acoso sexual, presión sexual involuntaria, otras formas de abuso físico y mental, y otras formas de violación del consentimiento. Recientemente, dos organizaciones Trotskistas de importancia, una en Gran Bretaña1 y la otra en los EEUU2, se vieron justamente sujetas a una denuncia y condena públicas por el liberalismo de sus miembros (en el sentido de una falta de principios que lleva a la falta de lucha) al no enfrentarse a la cultura de la violación.

Otra organización comunista de los EEUU fue denunciada hace menos de un año por proteger a un miembro violador, que fue obligado como único acto disciplinario a escribir un ensayo de “autocrítica”3. En el momento álgido del movimiento Occupy, hubo denuncias de asalto sexual en los campamentos de protesta en Nueva York, Cleveland, Dallas, Baltimore, Lawrence, Portland, New Hampshire, y Glasgow4. Es también bien conocido que la cultura de la violación está muy extendida entre los colectivos anarquistas y su entorno5. Por cada organización y tendencia revolucionaria, se presenta la misma pregunta sobre la emancipación de las mujeres: ¿de qué lado estáis?

Ésta es a día de hoy una de las cuestiones políticas más importantes que debemos resolver para que el movimiento revolucionario pueda avanzar. En algunas circunstancias específicas, es la cuestión política más importante. El hecho de que exista un debate cada vez más intenso sobre esta cuestión y un revuelo en aumento dentro de las organizaciones es bueno, y debemos ayudar a su desarrollo. Necesitamos todavía más: más debate, más desorden, más revuelo, más gente alzando sus voces. Algunas personas han señalado la relación causal entre la línea reduccionista de clase de los Trotskistas Británicos y sus prácticas machistas.

Otros han resaltado las formas débiles de organización de los anarquistas y su uso de “procesos de responsabilidad” guiados por estrategias de “justicia restaurativa” que muy frecuentemente se vuelven una farsa para las mujeres involucradas6. Sin embargo, este nivel de compresión del problema resulta demasiado superficial si no va más allá. La realidad es que la violencia contra las mujeres dentro de las organizaciones y movimientos revolucionarios es un fenómeno ampliamente extendido. No se limita a ninguna corriente específica.

Ninguna ideología o -ismo puede hacer a una organización inmune a este problema. Habrá grupos o individuos con todo tipo de posiciones políticas que siempre releguen la emancipación de la mujer a una posición secundaria y sin importancia, o que combinen un discurso feminista con una actitud machista. Por lo tanto, la cuestión más importante en este momento es cómo una organización puede tratar el problema de la violencia contra las mujeres cuando ésta ocurra en la práctica, ya que es muy probable que pase en algún momento. Algunos principios básicos pueden derivarse de los aspectos positivos de la historia del Comintern-Leninista y de la más completa ideología del marxismo-leninismo-maoísmo contemporáneo.

En este caso debemos enfatizar el maoísmo, debido a su gran avance en el desarrollo del feminismo proletario y la cuestión organizativa. El feminismo proletario es una tendencia de la emancipación de la mujer generada en la práctica a partir de las Guerras Populares lideradas por el maoísmo y otros movimientos de masas revolucionarias de todo el mundo7. El concepto del partido maoísta es también fundamentalmente nuevo en su naturaleza y método de trabajo8. Los principios guía expuestos aquí deben servir para formular las políticas de organización en los EEUU sobre la cuestión de la violencia contra las mujeres. Sin unas políticas correctas basadas en unos principios correctos, las organizaciones revolucionarias de los EEUU nunca serán capaces de organizar a un número creciente de mujeres como militantes y líderes, tal y como han sido incapaces de hacer hasta ahora en la forma en la que la historia nos los exige. La dominación de los oportunistas en las ONG con sus políticas identitarias y pequeño burguesas permanecerá sin contestación. Las masas de mujeres proletarias acabarán siguiendo el liderazgo de tendencias no-proletarias, sin el arma de una política de clase independiente.

1. Las organizaciones revolucionarias, si son genuinas, deben expulsar automáticamente a cualquier miembro responsable de violencia y abusos contra las mujeres. Las organizaciones que no lo hagan no pueden ser tomadas en serio y deben ser públicamente condenadas por su liberalismo por no enfrentarse al machismo en la práctica. Los principios de la “justicia restaurativa” y los “procesos de responsabilidad” usados por anarquistas y otros activistas muy frecuentemente no hacen más que reproducir las dinámicas patriarcales en la práctica.

Para los marxistas-leninistas, la “rectificación” y la “crítica/auto-crítica”, si no van unidas a unas normas de expulsión, suelen no ir más allá de un proceso liberal con otro nombre. En contraposición a todo esto, una política de tolerancia cero contra la violencia y el abuso machista deben ser la base de la que partir, lo que significa expulsión automática y, dependiendo de las circunstancias, una condena pública. Ésta es la única forma de forjar organizaciones que desarrollen en la práctica la emancipación de la mujer, en vez de quedarse en la palabrería intelectualmente atrayente.

2. En el transcurso de una investigación acerca de abusos o violencia contra las mujeres por parte de una organización en los EEUU, la palabra de la víctima que denuncia el abuso y la violencia debe tener más peso que la palabra del acusado. Si hay una disputa sobre los hechos, el principio a seguir debe ser el de adoptar políticas e implementar decisiones que se basen principalmente en la versión de los hechos de la víctima. Las víctimas de violencia doméstica ven frecuentemente como su realidad es negada o manipulada por sus abusadores.

Esto debe de tenerse en cuenta a la hora de investigar los hechos y a la hora de tomar una decisión acerca del acusado. La organización revolucionaria en los EEUU, que no es un tribunal de justicia con su capacidad material de investigación y sus presunciones, como la de inocencia, no puede dejar que el acusado simplemente niegue el relato de la víctima en parte o completamente, que cuestione los motivos de la víctima, o que movilice a su red social para presionar a la víctima o a la organización.

Las organizaciones revolucionarias en los EEUU no son Estados tomando decisiones sobre castigo y rehabilitación, las cuales deberían operar de acuerdo a otros estándares. Son asociaciones voluntarias que deben tomar decisiones, generalmente con base en relatos verbales o escritos de carácter contradictorio y limitado, acerca de cómo responder a un incidente, teniendo en cuenta la necesidad de hacer avanzar la lucha por la emancipación de la mujer, de crear mujeres líderes y militantes, de proteger el trabajo y la reputación de la organización.

3. La rectificación de los individuos que hayan participado en actos de violencia contra las mujeres debe ser fomentada, pero sólo debe ocurrir después de su expulsión de la organización, y como condición para su futura readmisión. Algunos actos, como las violaciones o los abusos sexuales, deben sin duda implicar una expulsión de por vida. Para las organizaciones que luchan en los países imperialistas, la expulsión del Partido Comunista de los EEUU (CPUSA), subsiguiente juicio popular público en 1931, y posterior rehabilitación de Yokinen, un miembro del CPUSA que no permitió la entrada de varios Afro-Americanos a un baile en el Club de Trabajadores Fineses de Harlem, sigue siendo uno de los mejores ejemplos en los EEUU de cómo funciona un ejemplo de rectificación exitoso en la práctica, en este caso debido a una conducta chovinista blanca9.

La rectificación en este contexto no significa decir unas palabras en una reunión de la organización, escribir un ensayo pidiendo disculpas, meditar, participar en círculos de responsabilidad o grupos de apoyo a las víctimas, ni buscar ayuda o tratamiento. ¿Esperamos que los chovinistas blancos también busquen ayuda y tratamiento? La rectificación implica hacer una auto-crítica pública ante las masas, abrir los detalles de nuestra conducta e historia al escrutinio público, completar un curso de la actividad política contra la opresión de la mujer, que debe incluir una transformación paulatina del individuo en cuestión, similar a la que sufrió Yokinen bajo el liderazgo del CPUSA.

Al reconocer que hoy en día no existe ninguna organización en los EEUU con la base social necesaria, el prestigio entre las masas, y el tamaño para realizar este tipo de procesos admitimos que en las condiciones objetivas y subjetivas actuales la rectificación de individuos con conductas machistas deberá buscarse, pero su éxito seguirá siendo inevitablemente la excepción y no la regla. Lo más importante es seguir luchando contra las dinámicas que se generan en los grupos pequeños y que se vuelven terreno fértil para el machismo previniendo la organización de las mujeres. La violencia contra las mujeres no terminará hasta que las mujeres se organicen.

4. La línea ideológica y política de una organización debe estar descrita en sus documentos, pero sólo se convierte en una fuerza material entre las masas a través del comportamiento y la actitud de sus miembros. Ésta es una de las nuevas contribuciones del concepto de partido maoísta, que enfatiza la importancia de la actitud revolucionaria entre los cuadros. Las organizaciones revolucionarias deben inculcar en sus miembros la necesidad de moldear constantemente su forma de pensar y sus acciones para poder implementar en la práctica la emancipación de la mujer.

5. Poner la línea feminista proletaria al frente de una organización requiere un compromiso constante con la crítica y la auto-crítica, o CAC. En esta situación en concreto la CAC requiere el estudio del concepto y la historia del patriarcado, discutiendo sus manifestaciones en la forma de pensar, conducta y acciones a través de grupos de trabajo creados para tal propósito, llegando a decisiones colectivas sobre cómo combatirlo. Al mismo tiempo, una CAC que ocurre sin una política firme de expulsión por violencia y abusos machistas acaba siendo un ritual estéril que paraliza en vez de reforzar a la organización. El último movimiento por la construcción de partidos comunistas, en las décadas de los 1960 y 1970, falló en gran medida a las masas de mujeres trabajadoras de este país.

Aquellos que imaginan que hoy en día es posible construir desde cero una organización comunista con una línea feminista proletaria como parte integral de la misma, o un movimiento feminista proletario, sin antes enfrentarse cara a cara con el problema del machismo en las diferentes organizaciones y grupos no hacen más que engañarse a sí mismos. Este punto de vista no es más que un liquidacionismo de la lucha por la emancipación de la mujer y un tipo de economismo que se niega a aceptar las auténticas cuestiones políticas que surgen de la implicación de las mujeres en estas organizaciones. Buscamos el diálogo con colectivos o personas feministas que estén tratando este problema en la práctica y deseen aprender mutuamente a través del debate de cuestiones de principios y políticas de organización.

Centro de Estudios Marxista-Leninista-Maoísta 16/8/2013


1. Shiv Malik y Nick Cohen, “Socialist Workers Party leadership under fire over rape kangaroo court,” guardian.co.uk, 9 de Marzo, 2013. (http://www.theguardian.com/society/2013/mar/09/socialist-workers-party-rape-kangaroo-court). []
2. “Rape, Sexual Assault, and the U.S. Socialist Organization Solidarity.” (http://www.thenorthstar.info/?p=9350). []
3. Para más información, ver el blog “Necessary Means: Confronting patriarchal violence”. (http://necessarymeansfight.blogspot.com/).[]
4. “Occupy Wall Street: How About We Occupy Rape Culture?” (http://persephonemagazine.com/2011/11/04/occupy-wall-street-how-about-we-occupy-rape-culture/).[]
5. Ver, por ejemplo, “Betrayal: A critical analysis of rape culture in anarchist subcultures”, Words to Fire Press (“Podría parecer que a lo largo del mundo anarquista, no importa a dónde vayas, hay una comunidad arrasada por la violación, el asalto sexual y el abuso.”).[]
6. Ibid. (“El modo de funcionamiento del propio proceso de responsabilidad abre la posibilidad a que sea secuestrado y utilizado en contra de un superviviente. … En algunos casos se permite a los [perpetradores] hacer peticiones a las vícitmas o poner condiciones para su propia participación. Los perpetrados, o sus defensores, responden muy frecuentemente a las acusaciones con sus propias acusaciones. Como ya hemos discutido, acusarán a los supervivientes de cualquier ofensa que puedan imaginar, o se las inventarán si no se les ocurre ninguna. Antes de reconocer estos patéticos intentos de difamación como la transgresión manipuladora que en realidad son, los falsos defensores de los supervivientes se unirán al perpetrador en absurdas peticiones de “responsabilidad”. Desde esta nueva posición de honradez, y con la complicidad de los falsos defensores, el perpetrador podrá alterar el carácter fundamental del proceso de responsabilidad.

Lo que comenzó como una acusación acaba convirtiéndose en una negociación, ya que la cooperación del perpetrador se condiciona a que la víctima acepte tratar las preocupaciones del perpetrador. Puede que algunas de esas preocupaciones sean válidas, pero lo que importa en este contexto no es su validez sino su papel a la hora de socavar la lucha del superviviente. El superviviente debe ahora ganarse no sólo la responsabilidad que buscan en el perpetrador, sino el apoyo de la comunidad. Aquellos supervivientes que no estén dispuestos o sean incapaces de “pasar por el aro” serán ignorados. Como perversión final del proceso de responsabilidad, el superviviente será culpado por su fracaso, al no estar dispuesto a “solucionar los problemas”. Llegados a este punto el así llamado proceso de “Justicia Restaurativa” ha sido tan distorsionado que lo único que ha conseguido restaurar ha sido la dinámica de poder de la cultura de la violación que había sido inicialmente debilitada gracias a la lucha del superviviente.”).[]

7. Ver, por ejemplo, Avanti, “Philosophical Trends in the Feminist Movement.”[]
8. Ver, por ejemplo, Ajith, “The Maoist Party.”[]
9. Harry Haywood, “The Struggle for the Leninist Position on the Negro Question in the United States,” The Communist, September 1933, disponible en: http://www.marxists.org/archive/haywood/1933/09/x01.htm []

Una carta sobre Rusia de Karl Marx (1877)

Nota: el presente artículo es una traducción de “A Letter on Russia by Karl Marx”. Traduzco también la introducción original del ‘New International’, ya que explica el contexto histórico y la importancia de esta poco conocida carta de Marx.

La carta de Marx sobre Rusia tiene una importancia especial. Muchos teóricos socialistas han buscado deslegitimar la revolución Rusa utilizando como apoyo una construcción pedante con base en la clásica fórmula marxista: “Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua”. La carta de Marx niega explícitamente la validez “supra-histórica” de esta ley fundamental de la evolución social. Ese “salto por encima” de la democracia burguesa hacia la democracia proletaria del que Lenin hablaba en 1919, es completamente coherente con lo expresado en la carta de Marx. La carta, aparentemente escrita en 1877, estaba dirigida a Nikolai-on (N.F. Danielson), un prominente representante de los Populistas Rusos (Narodniki), economista y editor de la primera edición en Ruso de El Capital. La polémica tenía como objetivo a N.K. Mikhailovsky, el líder teórico del Populismo Ruso, y que siguió siendo un acérrimo anti-marxista hasta su muerte en 1904. Muy poco conocida en los círculos marxistas, la carta fue reproducida en el apéndice de la traducción al Francés del libro de Nikolai-on sobre el desarrollo económico Ruso, publicado en 1902. Los tres párrafos introductorios que preceden a la carta son obra del propio autor Ruso. Se publica aquí la carta por primera vez en Inglés, traducida del Francés en el que Marx la escribió originalmente. – Ed.

En la segunda mitad del periodo entre 1870 y 1880, surgió en nuestra literatura una polémica bastante animada sobre las ideas expuestas por Marx en el primer volumen de El Capital. Con respecto a uno de esos artículos, notablemente el artículo escrito por M. Zhukovsky, M. Mikhailovsky observó que en la última sección de su obra, Marx tenía en mente únicamente el desarrollo histórico de los primeros pasos del modo de producción capitalista, pero que estaba ofreciendo mucho más, en particular, se exponía una teoría histórico-filosófica completa.

Esta teoría, añade M. Mikhailovsky, es de gran interés para todos nosotros; pero para nosotros los Rusos tiene todavía más interés. Ya que, según M. Mikhailovsky, si uno acepta completamente el sistema filosófico de Marx, según el cual toda nación, en su recorrido histórico, debe inevitablemente atravesar la fase del desarrollo capitalista, entonces todos los discípulos Rusos de Marx, para ser consistentes, deberían tomar parte de manera activa en el proceso que separa los medios de producción del trabajador, expropia a los campesinos, mutila el organismo humano, amenaza el futuro de la raza humana, etc. Pero por otra parte, el discípulo de Marx está obligado a considerar como su ideal la armonía del trabajador y la propiedad, la propiedad de los medios de producción y la tierra por los propios productores.

Este artículo dio a Marx la oportunidad de escribir una respuesta que estaba destinada a ser publicada en la misma reseña de la que el artículo de M. Mikhailovsky formaba parte. Pero la respuesta no fue enviada, y permaneció entre los papeles de Marx donde fue encontrada después de que una traducción de la misma fuese publicada en el Monitor Jurídico. La respuesta fue escrita en Francés, como sigue:


I. – El autor del artículo, Karl Marx ante el tribunal de Zhukovsky, es evidentemente un hombre de muchos talentos, y si hubiese encontrado en mi exposición de la acumulación primitiva un único pasaje que apoyase sus conclusiones, lo habría citado. Al no encontrar tal pasaje, se vio obligado a agarrarse a un entremés como huída polémica contra un “belletriste” Ruso impreso en el apéndice de la primera edición en Alemán de El Capital. ¿Qué le reprocho al autor? El haber descubierto el “comunismo Ruso” no en Rusia, sino en el libro de Haxthausen, consejero del gobierno Pruso, y que en sus manos la comuna Rusa sólo sirve como argumento para demostrar que la decadente vieja Europa debe ser regenerada gracias a la victoria del Paneslavismo. Mi valoración de ese escritor puede ser acertada, puede no serlo, pero de ninguna manera podría ser la clave para entender mi opinión sobre los esfuerzos “que los Rusos están haciendo para encontrar una ruta al desarrollo para su patria diferente al que ha seguido Europa occidental”.

En el postfacio a la segunda edición en Alemán de El Capital, hablo de un “gran erudito y crítico Ruso” con la gran consideración que se merece. En una serie de memorables artículos, trató la siguiente cuestión: debe Rusia comenzar destruyendo, como sugieren los economistas liberales, la comuna rural con el objetivo de avanzar hacia el régimen capitalista, o de lo contrario, puede ella, sin experimentar las torturas de ese régimen, apropiarse de todos los frutos del mismo al mismo tiempo que desarrolla sus ventajas históricas. Se pronuncia él a favor de la segunda opción. Y mi honorable crítico podría con igual derecho haber concluído de las consideraciones de este “gran Ruso” que yo compartía sus opiniones al respecto, como haber concluído por mis polémicas con el Ruso “belletriste” y Paneslavista que las rechazaba.

Finalmente, ya que no me gusta dejar algo “para que los demás lo adivinen”, procederé a hablar sin rodeos. Aprendí la lengua Rusa con el fin de ser capaz de valorar el desarrollo económico de la Rusia contemporánea con base en un conocimiento concienzudo, para después pasar muchos años estudiando las publicaciones, oficiales o no, relacionadas con el tema.

Llegué a este resultado: si Rusia continua caminando por el camino que ha seguido hasta 1861, perderá la mejor oportunidad que la historia ha dado a ningún pueblo, sólo para sucumbir a las vicisitudes del régimen capitalista.

II. – En el capítulo sobre la acumulación primitiva, mi único propósito es el de trazar el camino por el que el orden económico capitalista en Europa occidental emerge del vientre del orden económico Feudal. De ahí se sigue el movimiento que divorció al productor de sus medios de producción, transformando al primero en un asalariado (un proletario, en el sentido moderno del término) y al segundo en capital. En esta historia, “toda revolución marca una era que sirve como palanca para el avance de la clase capitalista en su proceso de formación. Pero la base de la evolución es la expropriación del trabajador del suelo”. Al final del capítulo, trato la tendencia histórica de acumulación y defiendo que su último acto es la transformación de la propiedad capitalista en propiedad social. No ofrezco ninguna prueba de ello en ese punto por la buena razón de que esa afirmación no es más que el breve resumen de los extensos desarrollos que han sido presentados en los capítulos sobre la producción capitalista.

Ahora bien, ¿de qué manera podría mi crítico aplicar mi boceto histórico a Rusia? Sólo de ésta: si Rusia trata de convertirse en una nación capitalista, imitando a las naciones de Europa occidental, y en los últimos años ha sufrido enormemente tratando de hacer tal cosa, deberá necesariamente convertir a gran parte de sus campesinos en proletarios; y una vez hecho eso, una vez inmersa en el régimen capitalista, Rusia se verá sujeta a sus inexorables leyes, como otras naciones profanas. Eso es todo. Pero esto es demasiado para mi crítico. Él necesita de forma imperiosa transformar mi boceto de la génesis del capitalismo en Europa occidental en una teoría histórico-filosófica general, fatalmente impuesta a todas las gentes, sin importar las circunstancias históricas en las que estén inmersas, con el objetivo de llegar finalmente a la formación económica que asegure el más completo desarrollo del hombre gracias a la mayor cantidad de poder productivo del trabajo social. Pero pido que me disculpe. Me honra y me humilla en exceso. Tomemos un ejemplo. En diferentes pasajes de El Capital, he hecho alusión al destino que superó a los plebeyos Romanos.

Originariamente, los plebeyos eran campesinos libres cultivando, cada uno por separado, su propio terreno. En el curso de la historia Romana, fueron expropiados. El mismo movimiento que les separó de sus medios de producción y subsistencia, implicó no sólo la formación de grandes latifundios sino también la formación de grandes capitales monetarios. Así, un buen día, había por un lado hombres libres sin nada más que su fuerza de trabajo, y por el otro, para explotar su trabajo, los dueños de toda la riqueza acumulada. ¿Qué ocurrió? Los proletarios Romanos no se convirtieron en trabajadores asalariados, sino en una turba indolente, más abyecta que los antiguos “blancos pobres” de las tierras del sur de los Estados Unidos; y a su lado no se desarrolló un modo de producción capitalista sino uno esclavista. De tal modo, eventos sorprendentemente similares, ocurriendo, sin embargo, en diferentes situaciones históricas, llevaron a resultados completamente diferentes.

Al estudiar cada una de estas evoluciones de manera independiente, y al compararlas después, uno puede fácilmente encontrar la clave para esos fenómenos, pero nunca podrá encontrar la llave maestra de una teoría histórico-filosófica cuya suprema virtud consista en ser supra-histórica.