William Hinton, el gran cronista estadounidense de la revolución china, nos cuenta en este breve texto las impresiones que Mao sacó de primera mano sobre los defectos como revolucionarios de los campesinos chinos. Se podría pensar que poca utilidad pueden tener para alguien que viva en un país de mayoría urbanita, pero al leerlas no puedo evitar pensar que los paralelismos con los revolucionarios o aspirantes a revolucionario del “primer mundo” son demoledores. Una muestra, quizás, de que aunque hay gran distancia entre un campesino dueño de un poco de tierra y un trabajador de un país imperialista, todavía pueden compartir ciertos rasgos ideológicos. Al menos en el sentido de que ambos se ven muy influenciados por el modo de pensar típico de la pequeña burguesía.
Mao Tse-tung, mucho antes de convertirse en el Presidente del Comité Central del Partido Comunista de China, catalogó las debilidades que los campesinos exhibían como soldados revolucionarios. Entre ellas se encontraban:
- El punto de vista puramente militar – la tendencia a considerar la lucha como el único propósito del ejército; la tendencia a evitar las tareas políticas como la educación y organización de las masas, la entrega de armas, el dar apoyo para la creación de su propio poder político. Sin este trabajo político toda lucha pierde su sentido y el revolucionario su razón de ser.
- Democracia extrema – aversión a la disciplina, cada comandante y cada soldado hacen lo que quieren de una manera despreocupada.
- Igualdad absoluta – la insistencia en que todo el mundo sea tratado de igual forma sin importar sus circunstancias; oposición a las raciones extras para soldados heridos, caballos para los oficiales que hayan estado de viaje, cargas más ligeras para personas ancianas o enfermas, etc.
- Subjetivismo – aferrarse a opiniones y hacer críticas sin haber examinado de forma realista los hechos y sin ninguna consideración por los principios políticos; basar las opiniones en palabrería sin sentido y en la expresión de deseos; basar las críticas en cuestiones menores, defectos sin importancia, carencias personales. Todo esto puede llevar a la sospecha mutua y a la pelea descontrolada entre las personas.
- Individualismo – la tendencia a juntarse en grupos enfrentados, el punto de vista del mercenario, considerarse responsable hacia un líder individual y no hacia la revolución como un todo; hedonismo, el deseo personal urgente por el confort personal y el placer, la aspiración de abandonar la dura vida de la lucha por algo más llevadero.
- La idea de los insurgentes sin rumbo – oportunismo militarista, evitando la dificultosa organización política a favor de “simplemente contratemos hombres y compremos caballos”; vivir de la tierra como un bandido ordinario.
- Aventurismo – actuar ciegamente sin importar las condiciones y el estado mental de nuestras fuerzas; olvidarse de la disciplina por norma general mientras por otro lado se aplica el castigo corporal y la pena de muerte a los desertores, intentando así forzar la disciplina en vez de inspirar la lealtad a la causa.
William Hinton, Fanshen: un documental de la revolución en un pueblo chino (1966)