Una carta sobre Rusia de Karl Marx (1877)

Nota: el presente artículo es una traducción de “A Letter on Russia by Karl Marx”. Traduzco también la introducción original del ‘New International’, ya que explica el contexto histórico y la importancia de esta poco conocida carta de Marx.

La carta de Marx sobre Rusia tiene una importancia especial. Muchos teóricos socialistas han buscado deslegitimar la revolución Rusa utilizando como apoyo una construcción pedante con base en la clásica fórmula marxista: “Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua”. La carta de Marx niega explícitamente la validez “supra-histórica” de esta ley fundamental de la evolución social. Ese “salto por encima” de la democracia burguesa hacia la democracia proletaria del que Lenin hablaba en 1919, es completamente coherente con lo expresado en la carta de Marx. La carta, aparentemente escrita en 1877, estaba dirigida a Nikolai-on (N.F. Danielson), un prominente representante de los Populistas Rusos (Narodniki), economista y editor de la primera edición en Ruso de El Capital. La polémica tenía como objetivo a N.K. Mikhailovsky, el líder teórico del Populismo Ruso, y que siguió siendo un acérrimo anti-marxista hasta su muerte en 1904. Muy poco conocida en los círculos marxistas, la carta fue reproducida en el apéndice de la traducción al Francés del libro de Nikolai-on sobre el desarrollo económico Ruso, publicado en 1902. Los tres párrafos introductorios que preceden a la carta son obra del propio autor Ruso. Se publica aquí la carta por primera vez en Inglés, traducida del Francés en el que Marx la escribió originalmente. – Ed.

En la segunda mitad del periodo entre 1870 y 1880, surgió en nuestra literatura una polémica bastante animada sobre las ideas expuestas por Marx en el primer volumen de El Capital. Con respecto a uno de esos artículos, notablemente el artículo escrito por M. Zhukovsky, M. Mikhailovsky observó que en la última sección de su obra, Marx tenía en mente únicamente el desarrollo histórico de los primeros pasos del modo de producción capitalista, pero que estaba ofreciendo mucho más, en particular, se exponía una teoría histórico-filosófica completa.

Esta teoría, añade M. Mikhailovsky, es de gran interés para todos nosotros; pero para nosotros los Rusos tiene todavía más interés. Ya que, según M. Mikhailovsky, si uno acepta completamente el sistema filosófico de Marx, según el cual toda nación, en su recorrido histórico, debe inevitablemente atravesar la fase del desarrollo capitalista, entonces todos los discípulos Rusos de Marx, para ser consistentes, deberían tomar parte de manera activa en el proceso que separa los medios de producción del trabajador, expropia a los campesinos, mutila el organismo humano, amenaza el futuro de la raza humana, etc. Pero por otra parte, el discípulo de Marx está obligado a considerar como su ideal la armonía del trabajador y la propiedad, la propiedad de los medios de producción y la tierra por los propios productores.

Este artículo dio a Marx la oportunidad de escribir una respuesta que estaba destinada a ser publicada en la misma reseña de la que el artículo de M. Mikhailovsky formaba parte. Pero la respuesta no fue enviada, y permaneció entre los papeles de Marx donde fue encontrada después de que una traducción de la misma fuese publicada en el Monitor Jurídico. La respuesta fue escrita en Francés, como sigue:


I. – El autor del artículo, Karl Marx ante el tribunal de Zhukovsky, es evidentemente un hombre de muchos talentos, y si hubiese encontrado en mi exposición de la acumulación primitiva un único pasaje que apoyase sus conclusiones, lo habría citado. Al no encontrar tal pasaje, se vio obligado a agarrarse a un entremés como huída polémica contra un “belletriste” Ruso impreso en el apéndice de la primera edición en Alemán de El Capital. ¿Qué le reprocho al autor? El haber descubierto el “comunismo Ruso” no en Rusia, sino en el libro de Haxthausen, consejero del gobierno Pruso, y que en sus manos la comuna Rusa sólo sirve como argumento para demostrar que la decadente vieja Europa debe ser regenerada gracias a la victoria del Paneslavismo. Mi valoración de ese escritor puede ser acertada, puede no serlo, pero de ninguna manera podría ser la clave para entender mi opinión sobre los esfuerzos “que los Rusos están haciendo para encontrar una ruta al desarrollo para su patria diferente al que ha seguido Europa occidental”.

En el postfacio a la segunda edición en Alemán de El Capital, hablo de un “gran erudito y crítico Ruso” con la gran consideración que se merece. En una serie de memorables artículos, trató la siguiente cuestión: debe Rusia comenzar destruyendo, como sugieren los economistas liberales, la comuna rural con el objetivo de avanzar hacia el régimen capitalista, o de lo contrario, puede ella, sin experimentar las torturas de ese régimen, apropiarse de todos los frutos del mismo al mismo tiempo que desarrolla sus ventajas históricas. Se pronuncia él a favor de la segunda opción. Y mi honorable crítico podría con igual derecho haber concluído de las consideraciones de este “gran Ruso” que yo compartía sus opiniones al respecto, como haber concluído por mis polémicas con el Ruso “belletriste” y Paneslavista que las rechazaba.

Finalmente, ya que no me gusta dejar algo “para que los demás lo adivinen”, procederé a hablar sin rodeos. Aprendí la lengua Rusa con el fin de ser capaz de valorar el desarrollo económico de la Rusia contemporánea con base en un conocimiento concienzudo, para después pasar muchos años estudiando las publicaciones, oficiales o no, relacionadas con el tema.

Llegué a este resultado: si Rusia continua caminando por el camino que ha seguido hasta 1861, perderá la mejor oportunidad que la historia ha dado a ningún pueblo, sólo para sucumbir a las vicisitudes del régimen capitalista.

II. – En el capítulo sobre la acumulación primitiva, mi único propósito es el de trazar el camino por el que el orden económico capitalista en Europa occidental emerge del vientre del orden económico Feudal. De ahí se sigue el movimiento que divorció al productor de sus medios de producción, transformando al primero en un asalariado (un proletario, en el sentido moderno del término) y al segundo en capital. En esta historia, “toda revolución marca una era que sirve como palanca para el avance de la clase capitalista en su proceso de formación. Pero la base de la evolución es la expropriación del trabajador del suelo”. Al final del capítulo, trato la tendencia histórica de acumulación y defiendo que su último acto es la transformación de la propiedad capitalista en propiedad social. No ofrezco ninguna prueba de ello en ese punto por la buena razón de que esa afirmación no es más que el breve resumen de los extensos desarrollos que han sido presentados en los capítulos sobre la producción capitalista.

Ahora bien, ¿de qué manera podría mi crítico aplicar mi boceto histórico a Rusia? Sólo de ésta: si Rusia trata de convertirse en una nación capitalista, imitando a las naciones de Europa occidental, y en los últimos años ha sufrido enormemente tratando de hacer tal cosa, deberá necesariamente convertir a gran parte de sus campesinos en proletarios; y una vez hecho eso, una vez inmersa en el régimen capitalista, Rusia se verá sujeta a sus inexorables leyes, como otras naciones profanas. Eso es todo. Pero esto es demasiado para mi crítico. Él necesita de forma imperiosa transformar mi boceto de la génesis del capitalismo en Europa occidental en una teoría histórico-filosófica general, fatalmente impuesta a todas las gentes, sin importar las circunstancias históricas en las que estén inmersas, con el objetivo de llegar finalmente a la formación económica que asegure el más completo desarrollo del hombre gracias a la mayor cantidad de poder productivo del trabajo social. Pero pido que me disculpe. Me honra y me humilla en exceso. Tomemos un ejemplo. En diferentes pasajes de El Capital, he hecho alusión al destino que superó a los plebeyos Romanos.

Originariamente, los plebeyos eran campesinos libres cultivando, cada uno por separado, su propio terreno. En el curso de la historia Romana, fueron expropiados. El mismo movimiento que les separó de sus medios de producción y subsistencia, implicó no sólo la formación de grandes latifundios sino también la formación de grandes capitales monetarios. Así, un buen día, había por un lado hombres libres sin nada más que su fuerza de trabajo, y por el otro, para explotar su trabajo, los dueños de toda la riqueza acumulada. ¿Qué ocurrió? Los proletarios Romanos no se convirtieron en trabajadores asalariados, sino en una turba indolente, más abyecta que los antiguos “blancos pobres” de las tierras del sur de los Estados Unidos; y a su lado no se desarrolló un modo de producción capitalista sino uno esclavista. De tal modo, eventos sorprendentemente similares, ocurriendo, sin embargo, en diferentes situaciones históricas, llevaron a resultados completamente diferentes.

Al estudiar cada una de estas evoluciones de manera independiente, y al compararlas después, uno puede fácilmente encontrar la clave para esos fenómenos, pero nunca podrá encontrar la llave maestra de una teoría histórico-filosófica cuya suprema virtud consista en ser supra-histórica.