La persistencia de la dialéctica

Hay debates que se leen como imagino que una aficionada al fútbol ve un partido entre dos equipos con los que no tiene ningún vínculo emocional. Es posible que por motivos más o menos inexplicables se sienta más afinidad por una parte, pero si no juegan bonito es probable que la cosa sea insoportable. El partido, o debate, del que escribo hoy se jugó hace unos días entre Steve Keen y un tal David Andolfatto. El primero es un economista postkeynesiano de cierto renombre muy crítico con la «ortodoxia neoclásica»1. El segundo, que yo sepa, no es nadie conocido, pero su papel en esta obra es el de miembro de la nomenklatura económica en los EEUU (trabaja para la Reserva Federal) y defensor de esa ortodoxia que alguna gente de naturaleza optimista cree que está empezando a hacer aguas. Como buen marxista recalcitrante no estoy en lo esencial de acuerdo con ninguno de los dos, pero la deriva de su conversación terminó llegando a tratar temas básicos que creo que merecen un par de reflexiones.

Las cuestiones más o menos superficiales sobre las que empezaron a hablar no tienen mucho interés, pero por esa lógica perversa de tantos debates al poco rato los dos habían llegado paso a paso a tratar temas absolutamente fundamentales. La primera jugada del partido que me hizo empezar a prestar más atención fue el texto “Steve Keen still butchering basic microeconomics”. En apariencia la cosa va de que el pobre Steve no se sabe un par de reglas básicas de diferenciación, pero el meollo del asunto se encuentra, sin que sirva de precedente, en los comentarios. Se acusa al autor, Chris Auld, de distraer la atención con detalles irrelevantes: la crítica fundamental de Keen se sustenta en que la economía neoclásica intenta usar modelos estáticos (de equilibrio), para analizar un objeto, la economía capitalista, que es inherentemente dinámico. Los apaños modernos como los modelos EGDE (Equilibrio General Dinámico Estocástico) no sirven, argumentan, porque se simula el dinamismo con «shocks» externos a la lógica del sistema, que parte del equilibrio, en vez de partir de un modelo intrínsecamente dinámico que coyunturalmente pueda llegar a puntos de equilibrio. Por tanto esto no es una mera rencilla sobre errores de cálculo, sino una confrontación de principios sobre la naturaleza del objeto a analizar y la forma correcta de reproducirlo teóricamente.

La respuesta típica a esta problemática, y la que defiende Andolfatto, es que cosas como un modelo EGDE son una simplificación pragmática, que ayuda al economista en su tarea. «Supongamos que las cosas son así…», dice el economista, y a ver a dónde llegamos. Un momento, responde Keen, porque no todas las presuposiciones son creadas iguales, y enlaza a este texto. La idea es que hay diferentes tipos de presuposiciones que es posible realizar a la hora de elaborar una teoría científica, de las que yo voy a destacar dos. La presuposición simplificadora elimina un aspecto del objeto que se considera secundario para facilitar el trabajo, asumiendo que la teoría resultante seguirá siendo válida en lo esencial aunque luego se incluya ese factor de nuevo. Un ejemplo típico serían las leyes de Newton en las que, inicialmente, se puede suprimir el rozamiento como simplificación. El caso contrario es la presuposición de dominio: aquí la relación entre la validez de la teoría y las presuposiciones de la ciencia es positiva, y la teoría dejará de ser válida en el momento en el que esas condiciones no se cumplan. La crítica de Keen, entre otros, es que la economía neoclásica supone haber hecho presuposiciones simplificadoras cuando en realidad las ha hecho de dominio. Si asumimos el equilibrio como estado «natural» de la economía, y la realidad resulta ser la contraria, es posible que nuestra teoría no esté de hecho describiendo el mundo en el que vivimos.

La definición de la dialéctica según Lenin en sus manuscritos filosóficos.

La definición de la dialéctica según Lenin en sus manuscritos filosóficos.

Llegados a este punto es posible que se haya empezado a dibujar una sonrisa en vuestras caras: esta gente, quizás sin saberlo, está hablando de dialéctica. El debate sobre si el capitalismo es inherentemente dinámico, necesitando de una teoría que refleje esto fielmente, quizás resulte más familiar si en vez de dinamismo hablamos de contradicciones. Según Iliénkov la diferencia fundamental entre el pensamiento metafísico (en el sentido de no ser dialéctico) y la dialéctica es que el primero siempre ve las contradicciones como error, fantasma subjetivo, algo a eliminar en el camino hacia la verdad2. Nada más natural para esta forma de pensar que partir de un capitalismo en estado de equilibrio, en el que el cambio existe como algo que se aplica de manera puramente externa, artificial, y no como lógica inmanente de su desarrollo. Quedaría el no olvidar que es además un proceso histórico, con un principio y con un fin, y no una totalidad eterna que incluso con movimiento dentro de sus partes no tendría un fin en sí mismo; es decir, el capitalismo representaría el fin de la historia, el modo natural de relación económica entre los seres humanos. Por tanto en cierta forma este debate se retrotrae a la relación entre Adam Smith y David Ricardo. Marx echaba en cara a Smith el apreciar la historicidad del capitalismo, pero el querer barrer sus contradicciones debajo de la alfombra. Ricardo, por el contrario, se enfrentaba cara a cara con sus aspectos contradictorios, pero lo tomaba como cosa dada con unas categorías (valor, salario, beneficio, renta, etc) eternas. La crítica postkeynesiana a la teoría neoclásica tiene un momento de radicalidad, pero todavía está un paso por detrás de la profundidad a la que Marx llegó hace ya tanto tiempo al mezclar una visión historicista y de contradicciones inmamenentes (o dinamismo) en el capitalismo.

La cuestión de las presuposiciones, y su legitimidad, también ha sido tratada con profundidad por la dialéctica. Marx agonizó durante décadas sobre cuál era el supuesto inicial adecuado con el que comenzar su crítica de la economía política. Es bien sabido que después de muchos volúmenes de notas y cambios de opinión acabó eligiendo la mercancia como punto de partida, pasando rápidamente a las categorías de valor de uso, de cambio, y su famosa teoría del valor trabajo. Aunque El Capital contiene unas breves justificaciones, o «pruebas», de la realidad del trabajo abstracto como sustancia del valor, esta elección ha sido una de las más polémicas en la historia del marxismo. Recibió críticas notorias de marginalistas como Böhm-Bawerk, que sostenían que como mínimo era igual de legítimo suponer como punto de partida una perspectiva subjetivista del valor. Pero incluso el propio Engels planteó a Marx que quizás las justificaciones iniciales sobre la realidad objetiva del valor no eran todo lo sólidas que deberían3. La respuesta de Marx es categórica: es ridículo pretender que se dé una justificación completa de toda la ciencia antes de la propia ciencia. La única justificación posible de la elección del punto de partida será el sistema en su totalidad, y su capacidad de reflejar fielmente el objeto de estudio4. Por lo tanto la elección del valor-trabajo sería una presuposición de dominio, que será justificada según la calidad de la teoría resultante, mientras que otras presuposiciones que hace Marx, como el que toda mercancía se vende por su valor en el primer volumen de El Capital, son simplificadoras (¡como el propio Marx dice explícitamente!).

No es mi intención explorar aquí estas cuestiones en toda su profundidad. Primero porque para ello harían falta libros enteros, y segundo porque honestamente sólo creo haber empezado a arañar su superficie y no me veo capacitado para ello. Sí que puedo, como buen comentarista deportivo, plantear mis propias conclusiones intrascendentes sobre el tema. Lo primero a destacar es que este y otros debates, y toda la controversia que representan, demuestran la vigencia de cuestiones básicas que han sido enterradas por al menos algunas ciencias durante más de un siglo. El positivismo ingenuo que hoy en día domina el pensamiento científico ha dado sus frutos, pero sigue siendo fundamental la reflexión filosófica sobre la lógica de la realidad y el método para conocerla, la dialéctica5. Si la filosofía aspira a recuperar su prestigio y el puesto en la sociedad en el que es necesaria debe centrar su estudio en las leyes del propio modo de pensar y la realidad objetiva, en dirigir el pensamiento científico hacia sí mismo6 para mejorar el propio método científico. Lo segundo, por terminar, es que este debate es otra prueba más de que una reproducción teórica adecuadad de la realidad acaba forzando al científico a pensar de manera dialéctica, lo quiera o no y sea consciente de ello o no. Quizás en la época en la que nos ha tocado vivir esto pueda llevar a un momento fugaz de satisfacción, pero no hay ningún hueco para el descanso. Aunque la implacable lógica universal se acabe imponiendo sobre nuestras mentes la historia nos demuestra que este proceso puede durar siglos, un reptar penoso en el que se exploran absolutamente todas las posibilidades de manera machacona hasta que casi por agotamiento alguien decide tomar el camino en apariencia más contradictorio con la apariencia superficial de las cosas. Ni simple sistematizadora del empirismo, ni ciencia de las ciencias que permite como por arte de magia llegar a la verdad de manera puramente especulativa, el papel de la dialéctica es el de acompañar a cada paso a las demás ciencias para ayudarnos a acelerar el proceso de comprensión y transformación revolucionaria de la realidad.


1. En general su salto a la fama se debe a haber sido uno de los pocos economistas con cierta presencia mediática que supo predecir el estallido de la burbuja inmobiliaria en el 2008. A partir de ahí su libro «Debunking Economics», un asalto frontal a la teoría neoclásica, se ha hecho muy popular. []
2. «La diferencia entre ellas [dialéctica y metafísica], expresada de la forma más general posible, es que la metafísica interpreta la contradicción como un simple fantasma subjetivo que lamentablemente surge en el pensamiento debido a las imperfecciones del mismo, mientras que la dialéctica la considera como la forma de desarrollo lógico del pensamiento, de la transición de la ignorancia al conocimento, del reflejo abstracto del objeto en el pensamiento hacia un reflejo más concreto [científico] del mismo». E. V. Iliénkov, «Dialéctica de lo abstracto y lo concreto en El Capital de Marx» (1960), p. []
3. Engels a Marx, 16 de Junio de 1867[]
4. Marx a Engels, 27 de Junio de 1867[]
5. «En El Capital, Marx aplicó a una sola ciencia la lógica, la dialéctica y la teoría del conocimiento del materialismo [no hacen falta tres palabras: es una y la misma cosa]». V. I. Lenin, «Cuadernos Filosóficos» (1915)[]
6. «A la filosofía desahuciada de la naturaleza y de la historia no le queda más refugio que el reino del pensamiento puro, en lo que aún queda en pie de él: la teoría de las leyes del mismo proceso de pensar, la lógica y la dialéctica». F. Engels, «Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana» (1888)[]