Breve introducción al maoísmo

Decían Marx y Engels que la única ciencia es la historia, es decir, que todo análisis que pretenda ser científico tiene que ser necesariamente histórico. El nacimiento, desarrollo y comprensión moderna del maoísmo están íntimamente ligados a su historia. Tenemos por tanto que caminar rápidamente por esa historia, por muy breve que pretenda ser esta introducción.

Podemos remontar lo comienzos de lo que un día sería el maoísmo a la década de los años 20 del siglo pasado. A la luz de la victoria bolchevique en Rusia y la creación de la Unión Soviética se funda el Partido Comunista de China en 1921, con la declarada misión de emular a sus vecinos del norte y liberar al país del yugo imperialista. Bajo la influencia del PCUS y la Internacional Comunista se acaban imponiendo una serie de directrices fundamentales para la revolución: el (muy reducido) proletariado Chino como sujeto revolucionario; la insurrección en los nucleos industriales y de población como mecanismo principal para la toma del poder; confrontación abierta y tradicional con las fuerzas enemigas; alianza, incluso hasta el punto de subordinar la independencia operativa, con el Kuomintang al entender que la revolución burguesa en China todavía estaba por hacer.

Después de repetidos y estrepitosos fracasos, de desviaciones de derecha e izquierda motivadas parcialmente por las circunstancias (como la traición del Kuomintang en 1927), de derrotas militares y de numerosas masacres de irremplazables cuadros comunistas, se acaba imponiendo en 1935 la línea política de Mao Zedong, que había probado su eficacia cuando se había implementado de forma limitada en algunas partes del país. En contraste con la línea “ortodoxa” podría definirse como: aceptación del numerosísimo campesinado Chino como sujeto revolucionario, bajo la dirección del proletariado y su Partido (el Comunista); guerra popular prolongada y de guerrillas como estrategia militar, comenzando desde el campo para terminar rodeando y conquistando las ciudades; alianza, si es necesario, con el Kuomintang (en el caso de la guerra contra Japón) u otras fuerzas no comunistas, pero sin perder jamás la independencia operativa; la reafirmación de un proceso revolucionario no estrictamente socialista (de “Nueva Democracia”) antes del socialismo, pero sin separación entre ambos, siempre bajo la dirección del Partido Comunista como único garante de su realización. La Nueva Democracia se contrapone a posturas derechistas que buscan una revolución netamente burguesa y anti-feudal, y posiciones izquierdistas que buscan una revolución socialista sin preámbulos en un país semi-feudal y semi-colonial.

Estas diferencias marcarán el comienzo de un progreso imparable de las fuerzas comunistas, desembocando en 1949 en la victoria total sobre el Kuomintang y la fundación de la República Popular China. Se reconocen como aplicación concreta del marxismo a las condiciones de China, y asociadas a la figura de Mao se pasan a llamar “marxismo-leninismo, pensamiento Mao Zedong”. Su propio nombre, y las declaraciones explícitas de Mao y otros comunistas Chinos, nos indican que no se entendía el pensamiento Mao Zedong como una evolución cualitativa del marxismo (como lo podría ser el leninismo), y así continuará durante toda la vida del propio Mao. Es a partir de 1976 y la victoria del revisionismo en China cuando algunas organizaciones comunistas de todo el mundo comienzan plantean la necesidad de un análisis histórico exahustivo del proceso revolucionario Chino y a que debemos en propiedad hablar de un nuevo avance cualitativo del marxismo, el marxismo-leninismo-maoísmo (MLM), con desarrollos universales de vital importancia y aplicables fuera de la situación concreta de China. Serán instrumentales en este proceso el Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI), el Partido Comunista del Perú (PCP) y el Partido Comunista Revolucionario de los EEUU (RCP,USA). El maoísmo, en todas sus variantes, es una ideología que hoy mueve a cientos de millones en lucha, desde el Himalaya a los Andes.

La disputa sobre si las contribuciones de Mao constituyen un avance cualitativo de utilidad universal al marxismo sigue siendo un problema abierto. Podemos, sin embargo, describir las ideas y planteamientos que distinguen al maoísmo de los demás marxismos, ya sea como aplicación concreta a la realidad China o como desarrollo universal (¡o, quizás, como desviación idealista y anti-marxista!). No pretende ésta ser una descripición detallada, en profundidad, sino un breve repaso a las ideas diferenciadoras del maoísmo. Harían falta varios artículos para introducir cada una adecuadamente, pero espero que este texto pueda servir de punto de partida para alguien con interés en investigar estos temas de manera independiente.

Conceptos básicos del maoísmo

La continuación de la lucha de clases en el socialismo, la lucha de líneas en el Partido: vale la pena comenzar citando directamente a Mao en un par de párrafos en los que se expone de forma muy clara la esencia de este problema (traducción propia del inglés):

La sociedad socialista cubre un periodo histórico considerablemente largo. En el periodo histórico del socialismo todavía hay clases, contradicciones entre las clases y lucha de clases, todavía existe la lucha entre la ruta socialista y la ruta capitalista, y el peligro de la restauración capitalista. Debemos reconocer la naturaleza prolongada y compleja de esta lucha. Debemos aumentar nuestra vigilancia. Debemos practicar la enseñanza socialista. Debemos comprender y manejar correctamente las contradicciones y la lucha de clases, distinguir las contradicciones entre nosotros y el enemigo de las contradicciones en el seno del pueblo, y manejarlas de la forma adecuada. De otra forma un país socialista como el nuestro se transformará en su opuesto y degenerará, ocurriendo una restauración del capitalismo.

Mao Zedong, citado en “Un entendimiento básico del Partido Comunista de China”

Estáis haciendo una revolución socialista y no sabéis dónde está la burguesía. Está en el propio Partido Comunista, son aquellos en el poder tomando la ruta capitalista.

Mao Zedong, citado en el “People’s Daily”

Mao no fue el primero en plantear la persistencia de las clases sociales en el periodo socialista. Lenin ya plantea en muchas de sus obras que incluso cuando los viejos capitalistas han sido desposeídos completamente la persistencia de las relaciones de producción capitalistas (imposibles de erradicar de la noche a la mañana) regenerarán a la burguesía “constantemente, cada día, cada hora, por un proceso espontáneo y en masa”. Él fue el primero, sin embargo, en identificar que el principal peligro para el proceso revolucionario no proviene de los restos de la vieja burguesía, agentes imperialistas o de la burguesía que se regenera constantemente entre los pequeños productores. El principal peligro para el socialismo son los representantes de la burguesía en el seno del mismo Partido Comunista, entre los altos funcionarios del Estado. Son ellos los que adoptan el papel de burgueses debido a su posición en el proceso de producción, administracion y distribución de la riqueza social. Son ellos los que pueden restaurar el capitalismo, ya sea de golpe o progresivamente, debido a su control del poder estatal, del sistema educativo, de planificación económica y del ejército.

Es por esto que para Mao un Partido Comunista que dirija un estado socialista mantiene una constante lucha de líneas (la capitalista y la socialista), que persistirá hasta que el capitalismo sea restaurado o la humanidad llegue al comunismo y se extingan de una vez por todas las clases sociales. Con esta idea fundamental en mente podemos comprender mucho mejor algunos de los episodios más confusos de la historia de China, como el Gran Salto Adelante o la Gran Revolución Cultural Proletaria, en los que se luchó contra la “ruta capitalista” y sus representates a todos los niveles. Podemos también, gracias a la perspectiva histórica, apreciar el poder predictivo de esta teoría. Tanto en la URSS como en China serían miembros del propio Partido y no agentes externos los responsables de ralentizar, parar y finalmente erradicar el desarrollo del socialismo.

La Revolución Cultural: las tres primeras décadas de la República Popular China son un reflejo de la lucha de clases y el conflicto entre socialismo y capitalismo. Periodos de intensa actividad en la construcción socialista (el Gran Salto Adelante, la propia Revolución Cultural), se intercalan con periodos donde domina la línea capitalista encabezada por Deng Xiaoping, Liu Shiaoqi, y otros. Sin embargo la Revolución Cultural es el periodo de mayor importancia, el punto de inflexión donde según algunos el pensamiento Mao Zedong da finalmente el paso para convertirse en un avance cualitativo de la teoría marxista.

Aunque derrocada, la burguesía todavía trata de valerse de las viejas ideas, cultura, hábitos y costumbres de las clases explotadoras para corromper a las masas y conquistar la mente del pueblo en su esfuerzo por restaurar su poder. El proletariado debe hacer exactamente lo contrario: debe propinar golpes despiadados y frontales a todos los desafíos de la burguesía en el dominio ideológico y cambiar la fisonomía espiritual de toda la sociedad utilizando sus propias nuevas ideas, cultura, hábitos y costumbres.

Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria

Lo que comienza como luchas relativamente aisladas en el ámbito de la cultura y la educación pronto se convierte en una movilización de cientos de millones de personas que lleva la prolongada lucha de líneas en el seno del Partido Comunista hasta su última expresión. Apoyándose en este movimiento popular la línea proletaria toma la iniciativa y comienza una profunda reestructuración de la sociedad a todos los niveles. Se promueve una cultura proletaria (en la literatura, teatro, cine y música) que trata de erradicar las tradiciones feudales y de servidumbre. Se promueve un sistema educativo y de investigación que aune teoría y práctica, ponga la ciencia al servicio del pueblo y trate de derribar barreras entre los intelectuales y los trabajadores. Se crean comités revolucionarios a todos los niveles que tratan de involucrar más directamente al pueblo en la gestión diaria de la producción y la administración, disminuyendo las diferencias entre gestores y productores. Se refuerza el peso de las comunas agrícolas, se revolucionan los procesos productivos y se promueve el trabajo social sin compensaciones materiales. Se hace un gran esfuerzo en superar las desigualdades entre campo y ciudad, invirtiendo para crear centros de producción, enseñanza y sanidad distribuidos equitativamente por todo el país y no concentrados en los grandes núcleos urbanos. Se trata de crear cuadros comunistas que sirvan al pueblo y no a sí mismos, que presten atención a las críticas y hagan una autocrítica constante de su actividad. Por último, no se entiende el proceso como algo aislado y coyuntural. Es por el contrario un paso necesario para afianzar al proletariado y su programa dentro del socialismo, y Mao advierte en varias ocasiones de que serán necesarias muchas Revoluciones Culturales antes de que la humanidad pueda llegar al comunismo.

Hoy en día, como suele ser habitual, recordamos sólo los errores y excesos de la Revolución Cultural y no sus logros. En parte por la tendencia habitual de la historiografía occidental al hablar del socialismo, pero también porque desde la toma definitiva del poder de Deng y su línea política hay un gran interés desde la propia China en desprestigiar todo el periodo de la construcción socialista. Hubo, en todo caso y como es inevitable en todo proceso revolucionario, errores, enfrentamientos y tragedias. La cuestión no es si existieron, sino el carácter general del proceso y si se trataba de reforzar una política que beneficiase a la inmensa mayoría de la población. Como ejemplo ilustrativo, simplemente presento la siguiente reflexión: durante los 10 años (1966-1976 aproximadamente) en los que duró esta experiencia social eran las masas las que sentían que el poder era suyo, las que libremente podían criticar a sus líderes y tomar las riendas de su vida. Si alguien tenía algo que temer no eran ellos, sino los burócratas y gestores que no tenían ningún interés en avanzar hacia el comunismo. Fue después de la muerte de Mao, el triunfo de la línea capitalista y la completa destrucción de todo lo conseguido hasta entonces cuando el pueblo perdió su voz y sus intereses se vieron ignorados. Fue en 1989, y no antes, cuando ocurre lo que hasta entonces habría sido impensable: trabajadores y estudiantes murieron por miles en la infame masacre de Tiananmen, habiendo cometido el terrible crimen de protestar contra la corrupción y la desigualdad creciente. La lucha de clases, los excesos y errores nunca desaparecen, lo único que cambia es quién sufre y quién manda: el pueblo o sus opresores.

La Guerra Popular Prolongada: la estrategia militar que llevó a los comunistas a la victoria en China tras los repetidos fracasos que trataban de emular la experiencia bolchevique en Rusia. Entendida de forma general plantea el mecanismo a seguir para convertir una situación de debilidad e inferioridad numérica y material (la llamada defensa estratégica), de forma gradual, en una de primero relativa igualdad o estabilidad (equilibrio estratégico) y más tarde superioridad (ofensiva estratégica). Algunas de sus características fundamentales son la guerra de guerrillas, la creación de “bases rojas” en la retaguardia y un ejército popular que se mueva como “pez en el agua” entre el pueblo uniendo el trabajo productivo y militar.

Las nuestras son tácticas guerrilleras, que consisten principalmente en los siguientes puntos:

  • Dividir las fuerzas para movilizar a las masas y concentrarlas para hacer frente al enemigo.
  • Cuando el enemigo avanza, retrocedemos; cuando acampa, lo hostigamos; cuando se fatiga, lo atacamos; cuando se retira, lo perseguimos.
  • Para ampliar las bases de apoyo estables, adoptamos la táctica de avanzar en oleadas. Cuando nos persigue un enemigo poderoso, adoptamos la táctica de dar rodeos.
  • Movilizar a la mayor cantidad de masas en el menor tiempo posible y con los mejores métodos a nuestro alcance.

Mao Zedong, “Una sola chispa puede incendiar la pradera”

La guerra popular prolongada ha tenido un éxito más que probado en países semi-coloniales y semi-feudales. En casos como la propia China o Vietnam, donde se consiguió la victoria total, pero también otros, como Perú o la India, donde como mínimo ha demostrado ser muchísimo más efectiva a la hora de combatir al enemigo que cualquier otro método de lucha. Es por ello que las contribuciones a la teoría y práctica militar de Mao han sido reconocidas incluso por la propia burguesía, que estudia sus escritos en las academias militares de todo el mundo.

Queda por demostrar, en principio, si la guerra popular es de hecho la estrategia militar universal del comunismo. El principal obstáculo es su aplicación, con las modificaciones pertinentes, en un centro imperialista. No hablamos, por supuesto, de las modificaciones triviales que son obvias y que incluso el propio Mao entendía deberían aplicarse fuera de China, como el hecho de que en un centro imperial no es la tarea de las masas campesinas, que por otro lado no existen, el rodear las ciudades desde sus bases rojas en el campo. Hablamos de la búsqueda de una estrategia efectiva y necesariamente popular y prolongada que lleve a los trabajadores a la toma del poder allí donde el capitalismo es más fuerte.

La Revolución de “Nueva Democracia”: a la vez una de las teorías más incomprendidas y más polémicas dentro del maoísmo. En esencia se plantea que en la época del imperialismo y la revolución proletaria la burguesía ha perdido su carácter revolucionario, y que por lo tanto son sólo los proletarios y su Partido los verdaderamente capacitados para dirigir un proceso revolucionario. Esto es así incluso en los países como China, que debido a su carácter semi-feudal y semi-colonial debían pasar todavía según cierto entendimiento más “clásico” (y en mi opinión erróneo) del marxismo por una etapa de desarrollo burgués y capitalista. Mao considera esto imposible debido a la influencia del imperialismo (“la ruta capitalista está cerrada para China en el siglo XX”), por lo que se sustituye una revolución democrática y anti-feudal liderada por la burguesía por una revolución de “nueva democracia” liderada por el Partido Comunista. Podrán unirse al Partido, en un frente amplio, todas las clases que luchen por liberar al país de la dominación imperialista, incluídos los campesinos (muy numerosos debido al carácter semi-feudal del país), pequeñoburgueses e intelectuales, e incluso aquellos sectores más progresistas de la burguesía que busquen una China independiente (la llamada “burguesía nacional”). Se resalta una y otra vez el papel de liderato de los Comunistas en todo el proceso, y el avance sin pausa hacia el socialismo una vez consolidada la etapa de “nueva democracia”.

Sin el comunismo como guía, la revolución democrática de China jamás podría triunfar, para no hablar de la etapa siguiente. Ésta es la razón por la cual los recalcitrantes de la burguesía exigen con tal griterío que “se archive” el comunismo. En realidad, no se puede “archivar” porque en tal caso China sería subyugada. Hoy, la salvación del mundo depende del comunismo, y China no constituye una excepción.

Mao Zedong, “Sobre la nueva democracia”

Hay, en general, dos malentendidos extendidos sobre esta teoría. El primero es que se imagina que puede tener alguna relevancia en un país imperialista. No la tiene. Un país imperialista no necesita una revolución democrático-burguesa (de nuevo tipo o no), ni tiene una burguesía nacional que pueda adoptar un papel progresista en un frente popular amplio. No existen, tampoco, campesinos que puedan jugar un papel importante, ya que estos han sido en lo esencial destruidos como clase debido al desarrollo capitalista. En esos países, como hace un siglo, está en la agenda inmediata una revolución socialista sin ningún preámbulo. El segundo malentendido es que se sustituye el socialismo por la “nueva democracia”, o que ésta dura un periodo indeterminado de tiempo que será muy largo. El propio Mao nos recuerda que no existe “una muralla China” entre ambos periodos, que se siguen el uno al otro sin interrupción. La validez de esta teoría queda demostrada en la experiencia China por el triunfo de la revolución con un frente popular amplísimo liderado por los comunistas, por la duración limitada del periodo de “nueva democracia” (que en general se considera termina alrededor de 1954), y por la paulatina desaparición de la vieja burguesía como clase y la construcción socialista durante casi 25 años.

Otros: existen otros desarrollos teórico-prácticos a resaltar. La “línea de masas”, filosofía fundamental de toda organización política maoísta, que busca luchar contra la excesiva burocratización y mecanicismo que se percibía en los Partidos y Estados socialistas existentes. La tremenda importancia que se da a la dialéctica y a su ley fundamental, “la ley de la unidad de los contrarios”, que Mao ensalza como principal y única ley dialéctica frente a las tres clásicas de la tradición de Engels y Stalin. Ya sea porque absorbe a la “ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cambios cualitativos”, o porque se niega la categoría de ley universal de la “ley de la doble negación”.

El maoísmo es, para terminar, un movimiento en pleno auge. Haciendo oídos sordos a la anunciada muerte del comunismo tras la caída del Muro de Berlín, los maoístas de todo el mundo dan vida a algunas de las revoluciones más activas. Quizás el ejemplo más conocido hoy en día es la veterana revolución naxalita en la India, donde el PCI(Maoísta) ya controla casi un tercio del país y donde millones de los más desposeídos, que el viejo poder había considerado como desechables, se han convertido en la mayor amenaza que el capitalismo haya visto nunca en ese país. También se lucha en las junglas de Filipinas, en las montañas de Nepal o Turquía, en las cordilleras de Perú, donde hace años los comunistas estuvieron a punto de conquistar el poder. Las masas en lucha nos exigen que estudiemos las ideas y la historia que les mueven e inspiran. Aprendamos de ellas.

El marxismo consiste de miles de verdades, pero todas se reducen a una frase: ‘La rebelión se justifica’.

Mao Zedong

Bibliografía

Incluyo aquí las obras escogidas de Mao, libros generalistas que tratan de dar una visión global del maoísmo, y una serie de obras que profundizan en la experiencia histórica revolucionaria de China y otros lugares. Creo que las últimas, sobre todo, son esenciales para apreciar la implementación práctica y el origen de las ideas diferenciadoras de la tradición maoísta.